Sin duda uno de los personajes femeninos más célebres de la literatura popular es Milady de Winter, la perversa espía creada por Alejandro Dumas para su obra magna, “Los Tres Mosqueteros”. Instigadora, asesina, traidora y mil adjetivos más, Milady es una de las mejores femmes fatales de la ficción literaria y, dicho sea de paso, una de las que peor suerte han tenido con sus encarnaciones en la pantalla, si exceptuamos a la soberbia Lana Turner de la versión de 1948, dirigida por George Sidney.
Pero, como casi siempre sucedía con sus novelas históricas, Dumas no creó a Milady de Winter de la nada, sino que se inspiró en varias mujeres que, en el siglo XVII, actuaron, efectivamente, como espías al servicio de Francia, Inglaterra, España, o, en muchos casos, de todas ellas a la vez. Una de esas mujeres, posiblemente la más célebre y a la que más debe el personaje de Milady, es nuestra protagonista de hoy: Lucy Hay, condesa de Carlisle, aristócrata, espía y personaje novelesco por si misma.
ORÍGENES Y PRIMEROS AÑOS
Lucy Percy vino al mundo en 1599, posiblemente en Londres. Fue la segunda hija de Henry Percy, noveno conde de Northumberland, uno de los nobles más ricos de la corte isabelina, y de su esposa, Dorothy Devereux. Como curiosidad, hay que remarcar que ambos progenitores de Lucy tenían estrechos vínculos con la historia de la Reina Virgen: el abuelo del padre -y, por tanto, bisabuelo de Lucy- había sido aquel Henry Percy que quiso casarse con Ana Bolena poco antes de que Enrique VIII se fijase en ella; por su parte, la madre era hermana de Robert Devereux, segundo conde de Essex y trágico último favorito de Isabel I. Sin embargo, a pesar de tan íntima relación con la última de los Tudor, la vida de nuestra protagonisa se desarrolló, casi en su totalidad, bajo el reinado de los primeros Estuardo: Jacobo I y, más tarde, Carlos I, a cuyo derrocamiento contribuyó activamente.
Siendo apenas una adolescente, su madre empezó a llevarla a la corte para que entrara en sociedad; y vaya si lo hizo. Lucy se convirtió muy pronto en una de las grandes estrellas de la corte, pretendida por los nobles y ensalzada por poetas y artistas, gracias a su belleza y a su afilado ingenio. Sin embargo, en aquellos momentos Lucy no podía aspirar a un matrimonio en la alta sociedad, pues su padre se hallaba prisionero en la Torre de Londres, supuestamente por haber participado en la célebre Conspiración de la Pólvora que quiso volar el Parlamento en 1605. Mientras aguardaba a que llegasen tiempos mejores, Lucy se dedicó a estudiar detenidamente a los intrigantes, escaladores y corruptos de la corte, cómo se movían y por qué.













