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	<title>Historia en femenino</title>
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		<title>Lucy Hay</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2011 12:57:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin duda uno de los personajes femeninos más célebres de la literatura popular es Milady de Winter, la perversa espía creada por Alejandro Dumas para su obra magna, &#8220;Los Tres Mosqueteros&#8221;. Instigadora, asesina, traidora y mil adjetivos más, Milady es una de las mejores femmes fatales de la ficción literaria y, dicho sea de paso, una de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=223&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/10/lucy-hay.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-224" title="Lucy Hay" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/10/lucy-hay.jpg?w=470" alt=""   /></a> Sin duda uno de los personajes femeninos más célebres de la literatura popular es Milady de Winter, la perversa espía creada por Alejandro Dumas para su obra magna, <em>&#8220;Los Tres Mosqueteros&#8221;</em>. Instigadora, asesina, traidora y mil adjetivos más, Milady es una de las mejores <em>femmes fatales</em> de la ficción literaria y, dicho sea de paso, una de las que peor suerte han tenido con sus encarnaciones en la pantalla, si exceptuamos a la soberbia Lana Turner de la versión de 1948, dirigida por George Sidney.</p>
<p>Pero, como casi siempre sucedía con sus novelas históricas, Dumas no creó a Milady de Winter de la nada, sino que se inspiró en varias mujeres que, en el siglo XVII, actuaron, efectivamente, como espías al servicio de Francia, Inglaterra, España, o, en muchos casos, de todas ellas a la vez. Una de esas mujeres, posiblemente la más célebre y a la que más debe el personaje de Milady, es nuestra protagonista de hoy: Lucy Hay, condesa de Carlisle, aristócrata, espía y personaje novelesco por si misma.</p>
<p><strong>ORÍGENES Y PRIMEROS AÑOS</strong></p>
<p>Lucy Percy vino al mundo en 1599, posiblemente en Londres. Fue la segunda hija de Henry Percy, noveno conde de Northumberland, uno de los nobles más ricos de la corte isabelina, y de su esposa, Dorothy Devereux. Como curiosidad, hay que remarcar que ambos progenitores de Lucy tenían estrechos vínculos con la historia de la Reina Virgen: el abuelo del padre -y, por tanto, bisabuelo de Lucy- había sido aquel Henry Percy que quiso casarse con Ana Bolena poco antes de que Enrique VIII se fijase en ella; por su parte, la madre era  hermana de Robert Devereux, segundo conde de Essex y trágico último favorito de Isabel I. Sin embargo, a pesar de tan íntima relación con la última de los Tudor, la vida de nuestra protagonisa se desarrolló, casi en su totalidad, bajo el reinado de los primeros Estuardo: Jacobo I y, más tarde, Carlos I, a cuyo derrocamiento contribuyó activamente.</p>
<p>Siendo apenas una adolescente, su madre empezó a llevarla a la corte para que entrara en sociedad; y vaya si lo hizo. Lucy se convirtió muy pronto en una de las grandes estrellas de la corte, pretendida por los nobles y ensalzada por poetas y artistas, gracias a su belleza y a su afilado ingenio. Sin embargo, en aquellos momentos Lucy no podía aspirar a un matrimonio en la alta sociedad, pues su padre se hallaba prisionero en la Torre de Londres, supuestamente por haber participado en la célebre <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Conspiraci%C3%B3n_de_la_p%C3%B3lvora" target="_blank">Conspiración de la Pólvora</a> que quiso volar el Parlamento en 1605. Mientras aguardaba a que llegasen tiempos mejores, Lucy se dedicó a estudiar detenidamente  a los intrigantes, escaladores y corruptos de la corte, cómo se movían y por qué.</p>
<p><span id="more-223"></span></p>
<p><strong>CONDESA DE CARLISLE</strong></p>
<p>Un par de años más tarde, la suerte de Lucy cambió al conocer a sir James Hay, noble al que Jacobo I se había traído de Escocia como uno de sus numerosos favoritos, viudo y 19 años mayor que ella. Prendado de los encantos de Lucy, a James no le importó que su padre fuera sospechoso de conspiración, y le propuso matrimonio; y Lucy, que vio en él la puerta de entrada definitiva a la vida cortesana que tanto deseaba, aceptó gustosa, a pesar de las protestas de su padre, que veía a James como poco más que un pelele frívolo e indigno de entroncar con una familia de tan rancio abolengo como los Percy. De esta forma, el 6 de noviembre de 1617, James y Lucy se convertían en marido y mujer en presencia del rey, quien, en 1622, recompensaría a su favorito (que había actuado como embajador en favor de los Hugonotes ante Luis XIII) con el título de conde de Carlisle, que, naturalmente, también extendió a su esposa.</p>
<p>Ambos esposos se dedicaron desde entonces a mantener una vida disipada, rodeados de los mayores lujos de la época. Sin embargo, Lucy no olvidaba que, si deseaba mantener su posición, debía congraciarse no sólo con el rey, sino con quien, en el futuro, tendría el poder en la corte: el príncipe Carlos, hijo de Jacobo y futuro rey Carlos I. Lo que Lucy no podía prever era que tanto el padre como el hijo se hallaban bajo la influencia de un notorio personaje, un noble casi de segunda división llamado George Villiers. El último y más poderoso de los favoritos de Jacobo I, Villiers ascendió casi de la nada hasta convertirse en el gobernante <em>de facto</em> de Inglaterra, bajo el título que el rey le concedió en 1617 -el mismo año de la boda de Lucy y James-: el todopoderoso duque de Buckingham.</p>
<p>A la muerte de Jacobo en 1625, Buckingham mantuvo su férrea influencia sobre Carlos I, hasta el punto de que llegó a salvarle el pellejo cuando el Parlamento le acusó de corrupción unos años más tarde. Para capear el temporal, Carlos I envió a Buckingham a Francia, donde debía ayudar a los Hugonotes, que se hallaban asediados por el ejército real en La Rochelle, por orden de quien, como Buckingham en Inglaterra, gobernaba en la sombra el país galo: el cardenal Richelieu.</p>
<p><strong>LA ESPÍA DEL CARDENAL</strong></p>
<p>Lucy odiaba a Buckingham, a quien consideraba un peligroso rival, y decidió quitárselo de encima al precio que fuese. No está claro cómo entraron en contacto, pero lo cierto es que Lucy acabó trabajando a las órdenes del mismísimo Richelieu, el enemigo mortal del duque. Juntos, el cardenal y la condesa tramaron la forma de deshacerse del molesto aristócrata, y decidieron llegar a él a través de la más peligrosa de las puertas: su relación con la mismísima reina de Francia, la española Ana de Austria.</p>
<p>Luis XIII y Ana de Austria se habían casado en 1615, y, desde el principio, el suyo fue un matrimonio profundamente desgraciado. Separados por las intrigas políticas y por sus profundas diferencias personales, apenas convivieron en los casi 30 años de su matrimonio, y, tras el nacimiento del futuro Luis XIV, muchos fueron quienes dudaron de la paternidad del rey. Sintiéndose abandonada por su esposo, rodeada por intrigantes y espías (la mayoría a sueldo de Richelieu), Ana se dejó querer por numerosos admiradores, entre ellos Buckingham, quien, al parecer, viajaba frecuentemente a París para visitar a la reina. Es en este momento cuando se produce la aventura que, dos siglos más tarde, inspiraría a Alejandro Dumas la trama de <em>&#8220;Los Tres Mosqueteros&#8221;</em>.</p>
<p>Al parecer, Luis XIII habría regalado a su esposa un espectacular collar de diamantes que, presuntamente, Ana había regalado a Buckingham como prueba de amor. Deseoso de deshacerse a la vez del inglés y de la española, Richelieu convenció al rey para que solicitase ver a su esposa con el consabido collar, al tiempo que despachaba a Lucy para que robase la joya a Buckingham. Según cuentan, gracias a varios de sus sirvientes y de su amiga, la también célebre espía Marie de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse, la reina pudo conseguir una réplica del collar en tiempo récord, y evitar así la ira y el repudio del soberano. Finalmente, Buckingham sería asesinado a puñaladas, en 1628, por un oficial llamado John Felton, para unos miembro del partido puritano -que odiaba a muerte al duque-, y para otros un simple soldado que, despreciado e ignorado por Buckingham, decidió tomarse la justicia por su mano.</p>
<p><strong>LA CONDESA CONTRA TODOS</strong></p>
<p>Tras su aventura en Francia, Lucy regresó a Inglaterra y se dedicó a lo que mejor sabía hacer: conspirar contra todo, y contra todos. Su esposo el conde había fallecido en 1636, con lo que Lucy obtuvo plena libertad para moverse y relacionarse a su antojo. Una de sus intervenciones más sonadas tuvo lugar cuando se hizo amante, al mismo tiempo, de Thomas Wentworth, conde de Strafford, y de su máximo oponente político, John Pym, traficando con información entre uno y otro durante varios años, instigando y enturbiando las ya de por sí tensas relaciones entre ambos partidos. Sus intrigas le sirvieron, entre otras cosas, para salvarle la vida a su primo, Robert Devereux, tercer conde de Essex, quien iba a ser arrestado por conspirar contra el rey, y que pudo huir a tiempo gracias a la advertencia de Lucy.</p>
<p>En 1647, la condesa unió su destino al partido puritano -también llamado presbiteriano-, que llegó a reunirse en su casa y a los que proporcionó cuantiosas sumas de dinero, llegando a empeñar joyas personales para financiar lo que desembocaría en la Guerra Civil Inglesa, la ejecución de Carlos I y la llegada al poder de Oliver Cromwell. Sin embargo, Lucy no perdió el tiempo durante las fechas previas a la guerra, y también se puso al servicio del rey, ejerciendo de intermediaria entre el soberano y los parlamentarios. Dichas acciones acabaron provocando que el propio Cromwell ordenase su detención, y el 21 de marzo de 1649, apenas dos meses después de la ejecución del rey, Lucy dio con sus huesos en la Torre de Londres, acusada de espionaje y conspiración.</p>
<p>Pero si Cromwell esperaba que Lucy fuera a estarse quieta en prisión, se equivocaba. La condesa se volvió contra aquellos a quienes había ayudado, y, gracias a su hermano Algernon, nuevo conde de Northumberland, mantuvo una larga correspondencia cifrada con el nuevo rey, Carlos II, que había huído al exilio tras la ejecución de su padre. Hasta el último momento, conspiró para facilitar el regreso del joven rey y la caída de Cromwell.</p>
<p><strong>FINAL</strong></p>
<p>El 25 de septiembre de 1650, un año y medio después de su detención, Lucy fue liberada bajo fianza, y gracias a la intervención de Algernon, por aquel entonces uno de los hombres fuertes del gobierno de Cromwell. Pero sus muchas idas y venidas habían afectado seriamente la credibilidad de la condesa, y, aunque intentó recuperar su posición social y su influencia en los círculos realistas, nunca pudo volver a ganarse la confianza de quienes pretendían el regreso de Carlos II, y vivió la última década de su vida en una relativa oscuridad.</p>
<p>Aún tuvo tiempo para ver cómo en 1658 moría su odiado enemigo Cromwell, y cómo, apenas dos años después, en abril de 1660, se restauraba la monarquía de los Estuardo en la figura de Carlos II, que regresaría a tierras inglesas a finales de mayo. Con el último gran objetivo de su vida cumplido, aunque no fuese por su mano, Lucy falleció, víctima de una apoplejía, el 5 de noviembre de 1660, justo cuando se cumplían 55 años de la Conspiración de la Pólvora en la que participó su padre y en la que, a buen seguro, la propia condesa habría participado de haber tenido oportunidad.</p>
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		<title>Sabina Spielrein</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jun 2011 14:07:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando se habla del nacimiento del psicoanálisis como ciencia moderna, siempre se hace referencia a sus &#8220;padres&#8221;, si entendemos como tales a Sigmund Freud y a Carl Gustav Jung. Sin embargo, el estudio de la psique humana tuvo también madres, la más importante de las cuales mantuvo una estrecha y compleja relación con el creador [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=163&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/sabina-spielrein.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-167" title="Sabina Spielrein" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/sabina-spielrein.jpg?w=470" alt=""   /></a>Cuando se habla del nacimiento del psicoanálisis como ciencia moderna, siempre se hace referencia a sus &#8220;padres&#8221;, si entendemos como tales a Sigmund Freud y a Carl Gustav Jung. Sin embargo, el estudio de la psique humana tuvo también madres, la más importante de las cuales mantuvo una estrecha y compleja relación con el creador del término <em>inconsciente colectivo</em>. Fue primero paciente, después amante y al final alumna brillante, y aunque algunos -el propio Jung entre ellos- la quisieron tachar de embustera y manipuladora, su contribución al estudio de la mente, desde ambos lados de la trinchera, es una de las más importantes del siglo XX. Hoy hablamos de Sabina Spielrein.</p>
<p><strong>PRIMEROS AÑOS</strong></p>
<p>Sabina Naftulovna Spielrein (ruso: Сабина Нафтуловна Шпильрейн) vino al mundo en la Rusia zarista; fue en Rostov del Don, al suroeste del país, el 7 de noviembre de 1885. Su padre, un comerciante acomodado de origen judío, se había casado con una mujer de religión ortodoxa, con la que tuvo cinco hijos, de los que Sabina fue la mayor.</p>
<p>El padre de Sabina era un hombre violento, manipulador, que ejercía una influencia sumamente perniciosa sobre su familia, y que no hacía ascos al castigo físico cuando lo creía oportuno, que solía ser bastante a menudo. En consecuencia, los hermanos Spielrein crecieron siendo niños nerviosos, asustadizos, cuyos fuertes lazos de amor-odio con sus progenitores serían calificados por Jung de &#8220;sadomasoquistas&#8221;.</p>
<p>Así las cosas, no es extraño que la pequeña Sabina empezase a mostrar síntomas de que algo extraño le sucedía cuando sólo contaba cuatro años de edad; los detalles no son precisamente agradables, pero baste decir que despertaron en ella una muy precoz sexualidad de tintes masoquistas, y un comportamiento compulsivo que se fue agravando conforme se fue haciendo mayor. A los dieciséis años, tras la muerte de su hermana pequeña, el estado de Sabina empeoró de forma fulminante: sufría bruscos cambios de humor, rayanos en la histeria; se fugó en varias ocasiones de la casa familiar; incluso intentó suicidarse, al menos, un par de veces. Fue entonces cuando sus padres decidieron tomar cartas en el asunto, y la internaron en una clínica suiza, donde tuvo que sufrir los temidos tratamientos con <em>electroshock</em>. Viendo que no servían de nada, los Spielrein decidieron trasladar a su hija a una nueva clínica, esta vez en Zurich; en la clínica Burghölzli permanecería durante casi un año, desde agosto de 1904 hasta junio de 1905, y allí conocería al hombre que cambió su vida: Carl Gustav Jung.</p>
<p><span id="more-163"></span></p>
<p><strong>SU ETAPA JUNTO A JUNG</strong></p>
<p>Sabina fue una paciente difícil: sus cambios de humor, su negativa a colaborar con los médicos y su agresividad hicieron de ella la interna que nadie quería tratar. Hasta que un joven doctor suizo apellidado Jung decidió que la muchacha era la idónea para probar los nuevos métodos que preconizaba el doctor Freud. Así pues, Jung aisló a Sabina por completo de su familia, ya que pudo comprobar que sus crisis se agravaban cuando cualquier familiar venía a visitarla; tanto fue así, que incluso prohibió a uno de sus hermanos estudiar en Zurich.</p>
<div id="attachment_171" class="wp-caption aligncenter" style="width: 386px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/jung_1910-rotated.jpg"><img class="size-full wp-image-171 " title="Jung_1910-rotated" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/jung_1910-rotated.jpg?w=470" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">Jung frente a la fachada de la clínica Burghölzli, donde trató a Sabina Spielrein</p></div>
<p>Al mismo tiempo, Jung se encargó personalmente de que Sabina recibiese un trato exquisito, y de que tuviese la sensación de que él estaba siempre pendiente de ella; a la larga, como veremos, esto fue contraproducente, pues Sabina desarrolló una dependencia extrema de Jung, hasta el punto de que, una vez más, sus crisis se agravaban si el psiquiatra no estaba en el centro.</p>
<p>Lo cierto es que Jung consiguió una inmensa mejoría en Sabina Spielrein, hasta el punto de que, todavía interna en la clínica, la joven decidió matricularse en la universidad de Zurich, dispuesta a convertirse en psiquiatra. Sabina era una persona académicamente brillante, y pronto obtuvo estupendos resultados en sus estudios,  incorporándose como ayudante de campo en las investigaciones del propio Jung.</p>
<p>Y es en esta época cuando se desarrolla la parte más oscura y extraña de la relación entre ambos. De que Sabina se convirtió en la amante de Jung, al menos desde 1908, no hay ningún tipo de dudas, hasta el punto de que el psiquiatra tuvo que renunciar a su trabajo en la clínica Burghölzli -y, por tanto, dejar de ser el médico de Sabina- para intentar capear el escándalo, ya que no sólo había violado el código deontológico médico, sino que además él era un hombre casado. Es en este momento cuando hace su entrada en esta historia Sigmund Freud; el célebre psiquiatra vienés conocía el caso de Sabina desde 1906, cuando Jung le escribió, solicitándole consejo para su tratamiento. Sin embargo, cuando la relación entre ambos se hizo pública, Freud se puso sin dudarlo de parte de su pupilo, amonestando a Sabina y pidiéndole que &#8220;reprimiese sus sentimientos hacia Jung&#8221;, algo que hirió profundamente a la joven. Es curioso, no obstante, que años más tarde el propio Freud rectificase su comportamiento con respecto a Jung y Sabina, definiendo el trato que éste había dispensado a su paciente como &#8220;detestable&#8221;.</p>
<p><strong>CARRERA PROFESIONAL DE SABINA SPIELREIN</strong></p>
<p>Mientras todo esto sucedía, Sabina iba progresando en sus estudios, licenciándose en 1911 con una tesis titulada <em>&#8220;El contenido psicológico de un caso de esquizofrenia&#8221;</em>, para la que había contado con la colaboración de Jung, y que, como curiosidad, representa la primera aparición del término &#8220;esquizofrenia&#8221; en un texto académico. Poco después de la publicación de su tesis, Sabina y Jung rompieron; el suizo fue muy poco caballero con quien había sido su amante, alumna y estrecha colaboradora durante casi seis años: la llamó mentirosa e histérica, y aseguró que Sabina lo calumniaba porque él se había negado a dejarla embarazada.</p>
<p>En octubre de 1911 Sabina se trasladó a Viena, donde por fin pudo conocer personalmente a Freud; se cree que fue este contacto el que hizo que el psicoanalista cambiase de opinión con respecto a Sabina. Tanto, que respaldó el ingreso de la joven en la Asociación Psicoanalítica Vienesa, donde, a finales de ese mismo año, publicaría su segundo trabajo, &#8220;<em>La destrucción como causa del nacimiento&#8221;</em>, que a la postre sería la base sobre la que Freud desarrolló su teoría de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pulsi%C3%B3n_de_muerte">pulsión de muerte</a>.</p>
<div id="attachment_180" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/freud.jpg"><img class="size-full wp-image-180" title="Sigmund Freud" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/06/freud.jpg?w=470" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">Sigmund Freud</p></div>
<p>Los siguientes años de la vida de Sabina Spielrein supusieron un periplo por diferentes capitales europeas: Berlín, Munich, Lausana, Ginebra, Moscú&#8230; En todas ellas, Sabina se hizo célebre como psicoanalista, destacando especialmente en el campo de la psicología infantil, en la que llegaría a estar considerada como una autoridad. Por esas fechas, también conoció a Paul Scheftel, un médico con el que tendría a sus dos únicas hijas, Renate y Eva. La pareja se separaría en 1915.</p>
<p>El recorrido profesional de Sabina Spielrein es ciertamente brillante: además de su colaboración con Freud, fue también miembro de la Asociación Psicoanalítica de Berlín, profesora de psicoanálisis en el Instituto Rousseau de Ginebra, y catedrática de psicología en la universidad de Moscú. Allí conocería a su gran colaboradora, Vera Schmidt, con quien fundó en 1923 un jardín de infancia llamado <em>White Nursery</em>, donde se fomentaba el crecimiento de los niños como seres absolutamente libres y se trataba especialmente el desarrollo del lenguaje de los infantes; la <em>White Nursery</em> se haría tan popular que hasta el propio Stalin llevó allí, con nombre falso, a uno de sus hijos, Vassili.</p>
<p><strong>VÍCTIMA DE LOS TOTALITARISMOS</strong></p>
<p>A pesar de todos sus logros, Sabina, como muchos otros de su condición, se convirtió en una persona incómoda, debido a su ascendencia judía y a sus ideas científicas. Ya había sufrido un primer y amargo trago cuando, en 1926, la <em>White Nursery</em> fue cerrada por el gobierno soviético, entre tremendas acusaciones de perversión sexual de niños. Y es que los bolcheviques veían los postulados psicoanalíticos como potencialmente subversivos, y se dedicaron a perseguir sistemáticamente a sus estudiosos.</p>
<p>Aunque Sabina regresó a su ciudad natal, Rostov del Don, como profesora de psiquiatría de la universidad del Norte del Cáucaso, tuvo que ver como el gobierno comunista le cerraba cada vez más puertas: en 1929 se disolvió la Asociación Psicoanalítica de Moscú; finalmente, en 1936, Stalin prohibió la práctica del psicoanálisis en la Unión Soviética, y la figura de Sabina Spielrein se desdibuja en la historia. Sin embargo, la otrora célebre intelectual todavía tendría que ver cómo los judíos fueron víctimas de las terribles purgas estalinistas, equiparables sin duda a las que los nazis llevaron a cabo durante sus siniestros 13 años de poder en Europa.</p>
<p>Y es precisamente a causa de los nazis que Sabina hace su última aparición en la historia. Tras seis años retirada del mundanal ruido, la más importante de las madres del psicoanálisis fue, como tantos otros intelectuales de origen judío, víctima del conflicto más horrible que ha conocido el ser humano. El 12 de agosto de 1942, algo más de un año después de la invasión de la URSS por parte de las tropas de Hitler, Rostov del Don cayó en poder de los alemanes, quienes agruparon a un puñado de habitantes de la ciudad en la sinagoga local, fusilándolos sin piedad; entre los que aquel día perdieron la vida se encontraba Sabina Spielrein, olvidada de todos, una pálida sombra melancólica de quien fue, en su día, una de las mujeres más importantes de la historia de la medicina moderna.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Appignanesi, Lisa, <em>Mad, Bad and Sad: Women and the Mind Doctors</em>, W. W. Norton &amp; Company, New York, 2008</li>
</ul>
<ul>
<li>Bair, Deirdre, <em>Jung: A Biography</em>, Little, Brown and Company, London, 2003</li>
</ul>
<ul>
<li>Carotenuto, Aldo, <em>A Secret Symmetry: Sabina Spielrein between Jung and Freud</em>, Pantheon Books, Berkeley, 1982</li>
</ul>
<ul>
<li>Covington, C. &amp; Wharton, B. (ed.), <em>Sabina Spielrein: Forgotten Pioneer of Psychoanalysis</em>, Routledge, Oxford, 2003</li>
</ul>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/historiaenfemenino.wordpress.com/163/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/historiaenfemenino.wordpress.com/163/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=163&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Sabina Spielrein</media:title>
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			<media:title type="html">Sigmund Freud</media:title>
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		<title>Caterina Sforza</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Apr 2011 23:13:32 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Renacimiento]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/caterina-sforza.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-152" title="Caterina Sforza" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/caterina-sforza.jpg?w=258&#038;h=300" alt="" width="258" height="300" /></a>El Renacimiento fue una época donde brillaron algunos de los personajes más interesantes y sugerentes de la Historia. Por desgracia, como había pasado en épocas anteriores -y seguiría pasando en los siglos venideros-, la mayoría de éstos fueron hombres. Sólo en Italia, cuna, crisol y tumba del esplendor renacentista, podemos encontrar docenas de nombres que han pasado a la historia, desde la política, el arte o la guerra: Maquiavelo, Leonardo da Vinci o César Borgia son claros ejemplos de las personalidades, unas veces luminosas y otras sombrías, de aquellos que vivieron tan notorios tiempos. Sin embargo, también hubo algunas mujeres que descollaron tanto como sus homólogos masculinos; de una de ellas, Lucrecia Borgia, ya hablamos en un post anterior. Nuestra protagonista de hoy, que también tuvo sus más y sus menos con los Borgia, es aquella a la que sus contemporáneos llamaron <em>la leona de la Romaña</em>, y también la <em>virago cruelissima</em>: Caterina Sforza.</p>
<p><strong>PRIMEROS AÑOS</strong></p>
<p>Caterina Sforza vino al mundo a principios de 1463 en la ciudad de Milán, lugar que gobernaba su familia, los Sforza, uno de los apellidos más ilustres del Renacimiento italiano. Fue hija bastarda: sus padres fueron Galeazzo Maria Sforza, más tarde duque de Milán, y Lucrezia Landriani, a la sazón esposa de Gian Piero Landriani, uno de los amigos íntimos de Galeazzo. Con sólo tres años de edad, su padre se convirtió en duque de Milán, y Caterina se trasladó a vivir a la corte ducal junto al resto de sus hermanos, legítimos y bastardos; todos fueron puestos a cargo de la madre del duque, la tremenda Bianca Maria Visconti, aunque después serían formalmente adoptados por la segunda esposa del duque, Bona de Saboya. Con ambas mujeres mantendría Caterina una excelente relación a lo largo de su vida, y ambas fueron, cada una a su manera, responsables del indómito carácter de la joven milanesa.</p>
<p>Contrariamente a lo que se pueda pensar, las jóvenes nobles de la época sí recibían una educación notable; aunque bastarda, Caterina no fue una excepción, y recibió una educación de corte humanista que, además de leer y escribir, le permitió aprender latín y leer a los clásicos; además, a través de su abuela Bianca Maria, la pequeña Caterina adquirió una inmensa conciencia militar, de orgullo hacia sus antepasados y de astucia tanto militar como política. Sin embargo, no dejaba de ser mujer, y como tal tuvo que rendirse a su condición de peón matrimonial: con sólo diez años, fue prometida en matrimonio a Girolamo Riario, sobrino del papa Sixto IV (Francesco della Rovere), y veinte años mayor que ella. Aunque la boda se celebró rápidamente, el 17 de enero de 1473, la consumación de dicho matrimonio no llegaría hasta cuatro años más tarde, en atención a la extrema juventud de la novia.</p>
<p>Tras su boda, Girolamo y Caterina obtuvieron numerosas prebendas del Papa, entre ellas, el señorío de Imola, en la Romaña italiana, y, en 1480, el de Forlì, que había sido arrebatado a la familia Ordelaffi y que les convirtió en condes; además, se trasladaron a la corte vaticana, donde Caterina se granjeó muy pronto gran fama por su belleza y astucia política, convirtiéndose en una poderosa intermediaria entre el Papa y las cortes feudales italianas, especialmente la de su ciudad natal, Milán. En marzo de 1478 vino al mundo su primogénita, Bianca; a lo largo de los nueve años siguientes, Caterina y Girolamo tendrían cinco hijos más. Pero la buena fortuna del matrimonio no iba a durar para siempre.</p>
<p><span id="more-151"></span></p>
<p><strong>TRAS LA MUERTE DE SIXTO IV</strong></p>
<p>El 12 de agosto de 1484 murió Sixto IV, y, como cada vez que fallecía un Papa, la ciudad de Roma se vio inmersa en disturbios y saqueos masivos. Uno de los palacios que fueron saqueados fue el de Girolamo y Caterina; la joven de 21 años, decidida a no perder sus prerrogativas, cogió un caballo y a un puñado de soldados, y se plantó frente a una de las fortalezas más impresionantes de toda Roma: el Castel Sant&#8217;Angelo, refugio de los Papas en tiempos de guerra. Antes de que nadie pudiera reaccionar, Caterina y sus hombres habían tomado la fortaleza al asalto, amenazando a la curia vaticana si no se plegaba a sus deseos. Como nota al margen, diremos que lo hizo estando embarazada de siete meses. De su marido, ni palabra.</p>
<div id="attachment_157" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/castel-sant-angelo.jpg"><img class="size-medium wp-image-157" title="castel-sant-angelo" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/castel-sant-angelo.jpg?w=300&#038;h=224" alt="" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">El Castel Sant&#039;Angelo, inexpugnable fortaleza de los Papas, fue tomado al asalto por una Caterina de 21 años y embarazada de siete meses</p></div>
<p>Viendo lo que se les venía encima, los cardenales que tenían que elegir al nuevo Papa decidieron claudicar, y le ofrecieron a Caterina mantener Imola y Forlì, la capitanía general de la Iglesia para Girolamo, y 8.000 ducados en concepto de indemnización por los daños sufridos en su palacio; todo, a cambio de que ambos abandonasen Roma. Satisfecha con los resultados, Caterina entregó la fortaleza, y el 25 de octubre de 1484 abandonaron Roma con destino a Forlì. Poco después se eligió al nuevo Papa, que resultó ser Giovanni Batista Cibo, un antiguo enemigo de la familia, que ascendería al trono de San Pedro con el nombre de Inocencio VIII.</p>
<p>Lo primero que hizo Inocencio VIII fue asegurarse de que el nombramiento de Girolamo como capitán general de los Estados Pontificios fuese meramente nominal, con lo que éste dejó de recibir la paga asignada a su puesto. A pesar de todo, éste decidió no subir los impuestos de la ciudad, una situación que se fue tornando cada vez más insostenible hasta que, a finales de 1485, presionado por el consejo de la ciudad, no tuvo otro remedio que aumentar los impuestos; por supuesto, la medida fue impopular, y le granjeó numerosos enemigos a Girolamo Riario. En los siguientes años hubo más de una docena de conjuras para acabar con su mandato, varios de los cuales incluían poner en su lugar a Franceschetto Cibo, hijo ilegítimo del Papa; finalmente, el 14 de abril de 1488, cuando volvía de cazar, Girolamo fue apuñalado hasta la muerte por varios conjurados. Caterina y sus hijos fueron hechos prisioneros.</p>
<p>Pero Caterina era una superviviente nata. Como la fortaleza de Ravaldino, una de las más importantes de la ciudad, se negaba a rendirse a los conjurados, Caterina convenció a sus captores para que la dejasen convencer a los soldados de su rendición; como prueba de su buena voluntad, los conjurados mantuvieron a sus hijos como rehenes. Obviamente, Caterina no tenía ninguna intención de convencer a nadie de rendirse, y una vez en Ravaldino se atrincheró, dispuesta a vender cara su piel. Las leyendas y rumores de la época cuentan que, cuando los conjurados amenazaron con matar a sus hijos, Caterina subió a las murallas y, mostrando sus genitales, les gritó: <em>&#8220;Ho con me lo stampo per farne degli altri!&#8221;</em> (¡Tengo lo necesario para hacer más hijos!). Finalmente, tras recibir ayuda de su tío Ludovico <em>el Moro</em>, pudo derrotar a los conjurados y recobrar sus posesiones, que gobernó como regente de su hijo Ottaviano, nuevo señor de Imola y Forlì; su primer acto fue vengar la muerte de su marido, encarcelando a los responsables y a sus familias, destruyendo sus palacios y repartiendo sus bienes entre los pobres de la ciudad.</p>
<p><strong>REGENTE DE IMOLA Y FORLÌ</strong></p>
<p>Caterina resultó ser una gobernante efectiva y enormemente trabajadora, y se ocupaba personalmente de todos los asuntos que tenían que ver con el gobierno de sus dos ciudades. Para consolidar su poder, intercambió costosos regalos con los otros señores feudales de la zona, y utilizó a sus hijos para crear alianzas matrimoniales con importantes familias. En lo concerniente a la ciudad, revisó el sistema de impuestos, eliminando gastos innecesarios y reduciendo aquellas tasas menos necesarias; incluso supervisó en persona el entrenamiento de sus soldados. No hace falta decir que el pueblo estaba, al menos de momento, bastante contento con la joven condesa. Pero, como todo en la vida de Caterina, esto tampoco iba a durar.</p>
<p>El 25 de julio de 1492 falleció Inocencio VIII, y fue inmediatamente sucedido por un hombre que, a priori, era aliado de Caterina -pues incluso era el padrino de Ottaviano-: el cardenal valenciano Rodrigo Borgia, quien sería nombrado Papa con el nombre de Alejandro VI. A pesar de que, en teoría, esto reforzaba el poder de Caterina, también la ponía en una situación delicada, dadas las ansias expansionistas del Papa y su tendencia a cambiar de alianzas como de camisa; en el caso de Imola y Forlì, dos enclaves estratégicos de suma importancia, convertía al nuevo Papa en una amenaza potencial para su tranquilidad. Y eso fue exactamente lo que sucedió.</p>
<p>En septiembre de 1494, Carlos VIII de Francia reclamó el reino de Nápoles, inicialmente con el apoyo del Papa; los territorios de Caterina se encontraban en riesgo de ser invadidos, pues eran un paso rápido para llegar hasta Roma. Así pues, la condesa trató de mantenerse neutral. Sin embargo, tras los matrimonios de Lucrecia y Jofré Borgia con Alfonso y Sancha de Aragón, el Papa cambió sus lealtades y retiró su apoyo al rey francés. Buscando aliarse con la parte más poderosa, Caterina otorgó su apoyo al rey de Nápoles, y se preparó para resistir la invasión francesa. Los napolitanos, no obstante, la traicionaron al considerarla un peón prescindible, y Caterina decidió permitir a Carlos VIII que pasara por sus territorios en dirección a Nápoles, mientras aseguraba mantenerse neutral. Finalmente, los príncipes italianos se unieron en la Liga Anti-Francesa, y derrotaron a Carlos VIII en la batalla de Fornovo.</p>
<p><strong>LOS AMORES DE CATERINA</strong></p>
<p>La condesa era una mujer apasionada en todos los aspectos de su vida, y el amor no fue una excepción. El mismo año de la muerte de Girolamo, se casó con un muchacho de 19 años -ella tenía 25- llamado Giacomo Feo; la boda, por supuesto, fue secreta, pues Caterina temía perder la custodia de sus hijos y, a través de ella, su poder. Apenas unos meses después, en abril de 1489, dio a luz al único hijo de ambos, al que llamó Carlo, algunos dicen que en honor al rey de Francia. En cualquier caso, Giacomo era un muchacho vanidoso, cruel e insolente, que pronto se ganó la enemistad de toda Forlì, incluidos los hijos de Caterina; como no podía ser de otra forma, el joven terminó mal, muy mal: el 27 de agosto de 1495, fue asesinado ante los ojos de su esposa. Y si su venganza por la muerte de Girolamo había sido sonada, la venganza por la muerte de Giacomo abrió un infierno sobre Forlì: la condesa no sólo hizo torturar y asesinar salvajemente a los conspiradores, sino también a sus esposas, amantes e hijos, por muy pequeños que éstos fueran. Sus acciones, empero, le pasaron factura, pues nunca pudo recuperar el favor de su pueblo, algo que, como veremos, fue decisivo en su caída.</p>
<p>No pasaría mucho tiempo sin que el amor volviese a llamar a la puerta de Caterina: en 1496 conoció a Giovanni de&#8217;Medici il Popolano, embajador de Florencia, y se enamoró de él; aunque la unión de las familias Medici y Sforza se consideraba peligrosa, por la enorme cantidad de poder que acumulaban, Caterina pudo convencer a su tío Ludovico y a sus hijos para que les dieran su bendición, y se casaron en septiembre de 1497. Apenas seis meses más tarde, en abril de 1498, nacía su hijo Ludovico, que pasaría a la historia como <em>Giovanni dalle Bande Nere</em> (Juan el de las Bandas Negras), uno de los mayores héroes de la historia italiana. Su unión duró apenas un año, pues Giovanni enfermó de lo que posiblemente fueran fiebres tifoideas, y el 14 de septiembre de 1498 murió en brazos de Caterina, quien en ese momento se hallaba en medio de la disputa entre Venecia y Florencia, evidentemente apoyando a ésta última. La infatigable resistencia de la condesa ante los ataques venecianos se convirtió en legendaria, y éstos tuvieron que acabar buscando una ruta alternativa para llegar hasta Florencia. Fue esa nueva muestra de su indomable carácter lo que le valió el sobrenombre de <em>la leona de la Romaña</em>. Y el gran momento de su vida todavía estaba por llegar.</p>
<p><strong>CÉSAR BORGIA</strong></p>
<p>Entretanto, Carlos VIII había muerto y le había sucedido Luis XII, que tenía sangre de los Visconti. En virtud de su linaje, el nuevo rey francés reclamó de nuevo sus derechos sobre Nápoles, y también sobre Milán. Pero Luis XII era más listo que su antecesor, y antes de embarcarse en una guerra se aseguró las alianzas de Saboya, Venecia y del Papado. En 1499 conquistó de forma consecutiva el Piamonte y las ciudades de Génova y Cremona; el 6 de octubre, llegaba a un Milán que había sido abandonado por su señor, Ludovico <em>el Moro</em>, quien había buscado refugio en la corte de Maximiliano I de Austria.</p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/melone-cesare-borgia-br600-cesar.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-158" title="Melone-Cesare-Borgia-BR600-CESAR" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2011/04/melone-cesare-borgia-br600-cesar.jpg?w=230&#038;h=300" alt="" width="230" height="300" /></a>¿Por qué se había aliado el Papa con el rey francés? La respuesta es simple. Alejandro VI buscaba desde hacía tiempo una forma de unificar los territorios italianos, y, por supuesto, de poner esa Italia unificada bajo el mando de los Borgia. A cambio de su apoyo, Luis XII le garantizaba al Papa un reino en la Romaña para su hijo, César Borgia. El 9 de marzo de 1499 proclamó una bula por la que invalidaba los derechos de los señores feudales de la zona, incluyendo a Caterina; Florencia se negó a ayudarla, pues se encontraba amenazada por el Santo Padre. Una vez más, Caterina iba a tener que lidiar con sus oponentes en la más completa soledad. Sin tiempo para lamentarse, la condesa levantó su propio ejército, se avitualló y, tras enviar a sus hijos a Florencia, se encastilló en Ravaldino.</p>
<p>El 24 de noviembre, César Borgia llegó a Imola, que le abrió las puertas; tras preguntar a sus súbditos si iban a hacer lo mismo en Forlì, los eximió de su juramento de lealtad y, junto a un puñado de soldados, se dispuso a resistir hasta el final. El 19 de diciembre, César conquistó Forlì y dio comienzo al sitio de Ravaldino; además, tras estar a punto de ser capturado cuando se acercaba a la fortaleza para parlamentar, el hijo del Papa ofreció 10.000 ducados por la captura de Caterina, viva o muerta. Durante días, se bombardearon uno a otro, infligiéndose terribles daños y sin que la balanza se inclinase por uno u otro oponente. Finalmente, el 12 de enero de 1500, tras 24 días de combates, las tropas de César abrieron dos grandes boquetes en las murallas de Ravaldino; viéndose perdida, la condesa se rindió a los franceses, quienes a su vez la entregaron a César, quien prometió que trataría a Caterina no como a una prisionera, sino como a una invitada.</p>
<p>Y lo cierto es que nunca se sabrá del todo qué sucedió entre ellos. La mayoría de las voces aseguran que, casi desde la misma noche de la rendición, César y Caterina se convirtieron en amantes, a pesar de que ella era doce años mayor que él. Es obvio que César se sintió fascinado por la tremenda personalidad de Caterina, y que la trató con una exquisitez fuera de toda duda, por lo que no es descabellado pensar que realmente fueron amantes. Lo cierto es que el hijo del Papa llevó consigo a la condesa durante su campaña, primero a Pesaro y después a Roma, donde se alojó en el palacio Belvedere; de allí intentó huir, pero fue descubierta y trasladada al Castel Sant&#8217;Angelo donde, a pesar de que se la acusaba de intentar envenenar al Papa, nunca fue encarcelada, sino que tuvo sus propias habitaciones, donde era visitada frecuentemente por César, el hijo del hombre al que, supuestamente, había querido asesinar. La acusación, que decía que Caterina había enviado al Papa cartas impregnadas con veneno, nunca ha podido ser verificada, pero tampoco desmentida.</p>
<p>El 30 de junio de 1501, Caterina fue puesta en libertad -otros dicen que se escapó-, con la aquiescencia de César Borgia. El Papa aseguró que la condesa había firmado la renuncia a sus territorios, y los incluyó, junto a Pesaro, Rímini y Faenza, en el ducado de Romaña, del que César fue titular hasta 1503. Tras su liberación, Caterina marchó a Florencia, donde la esperaban sus hijos</p>
<p><strong>SUS ÚLTIMOS AÑOS EN FLORENCIA</strong></p>
<p>En la capital toscana, Caterina vivió en los palacios que habían pertenecido a su tercer marido, Giovanni de&#8217;Medici; durante años, mantuvo un litigio con el hermano de éste, Lorenzo, por la custodia del pequeño Giovanni, quien le había sido confiado cuando la condesa fue hecha prisionera. Consiguió la custodia del pequeño en 1504, y se retiró a sus posesiones, donde pasó el tiempo cuidando de sus hijos pequeños y de sus nietos, y dedicándose a sus experimentos alquímicos, una de las grandes pasiones de su vida.</p>
<p>En 1503, Alejandro VI murió, posiblemente envenenado, y su sucesor, Julio II (Giuliano della Rovere), tuvo a bien ponerse de su parte en su litigio para recuperar Imola y Forlì; sin embargo, sus antiguos feudos seguían sin perdonarle su cruel venganza y comportamiento tras la muerte de Giacomo Feo, y se negaron a recibirla de nuevo. Así las cosas, ambas ciudades pasaron a manos de Antonio Maria Ordelaffi, a cuya familia habían sido arrebatadas años atrás. Unos años después, el 12 de marzo de 1507, César Borgia falleció combatiendo en Viana (Navarra); nunca sabremos cómo la afectó -o si la afectó- la muerte de quien había sido su enemigo íntimo, a la par que incuestionable alma gemela.</p>
<p>Apenas dos años después, en abril de 1509, Caterina contrajo una grave neumonía, y, aunque pareció recuperarse, sufrió una recaída que resultó ser fatal. El 28 de mayo de 1509 moría, a los 46 años, Caterina Sforza, la mujer más temida de su tiempo, aquella que se enfrentó en solitario al terrible poder de los Borgia.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>De Vries, Joyce, <em>Caterina Sforza and the Art of Appearances</em>, Ashgate, Farnham, 2010</li>
</ul>
<ul>
<li>Hare, Christopher, <em>The Most Illustrious Ladies of the Italian Renaissance</em>, Forgotten Books, Charleston, 2010</li>
</ul>
<ul>
<li>Hibbert, Christopher, <em>The Borgias and their Enemies: 1431-1519</em>, Houghton Mifflin Harcourt, Orlando, 2008</li>
</ul>
<ul>
<li>Lev, Elizabeth, <em>The Tigress of Forli: Renaissance Italy&#8217;s Most Courageous and Notorious Countess, Caterina Riario Sforza de&#8217; Medici</em>, Houghton Mifflin Harcourt, Orlando, 2011</li>
</ul>
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		<title>George Sand</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Dec 2010 00:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Siglo XIX]]></category>

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		<description><![CDATA[Vivió buena parte de su vida rodeada por el escándalo: fue librepensadora y adalid -a su pesar- del feminismo, escritora y periodista, baronesa, republicana y personaje de sociedad. Nunca tuvo el más mínimo problema en decir aquello que pensaba, cuando lo pensaba, aunque ello le acarrease las críticas de una sociedad que no estaba preparada [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=134&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand04.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-136" title="George Sand04" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand04.jpg?w=231&#038;h=300" alt="" width="231" height="300" /></a>Vivió buena parte de su vida rodeada por el escándalo: fue librepensadora y adalid -a su pesar- del feminismo, escritora y periodista, baronesa, republicana y personaje de sociedad. Nunca tuvo el más mínimo problema en decir aquello que pensaba, cuando lo pensaba, aunque ello le acarrease las críticas de una sociedad que no estaba preparada aún para que una mujer viviese libremente. Y pese a todo, consiguió convertirse en uno de los pilares principales del Romanticismo francés, la brillante estrella alrededor de la cual orbitaron los intelectuales de toda una época, indistintamente de sus nacionalidades. Su nombre de guerra, aunque masculino, define en femenino un siglo y una forma de ver la vida: George Sand.</p>
<p><strong>HIJA DE DOS MUNDOS</strong></p>
<p>Su verdadero nombre fue Amantine Aurore Lucille Dupin, y vino al mundo en París el 1 de julio de 1804. Sus orígenes no pudieron ser más dispares, pues mientras su madre, Sophie Delaborde, era la hija de un vendedor de pájaros que muy posiblemente se prostituía entre los soldados napoleónicos, su padre, Maurice François Dupin de Francueil, era un aristócrata de altísima cuna, nieto por línea bastarda del rey Augusto II de Polonia. Aurore nació pues siendo hija de dos mundos muy distintos, algo que la marcaría de por vida y que definiría posteriormente sus ideas políticas.</p>
<p>Aunque al principio la abuela de la pequeña, Mme. Dupin, se echó las manos a la cabeza ante la relación de éste con Sophie, un hecho trágico cambiaría el parecer de la aristocrática dama: en 1808, cuando Aurore tenía sólo cuatro años, su padre se cayó del caballo que montaba y murió a consecuencia de las heridas. Decidida a separar a su única nieta de su madre, a la que consideraba una influencia perniciosa, Mme. Dupin hizo todos los esfuerzos y tiró de todos los hilos para que Aurore se trasladase a la mansión familiar de Nohant (Francia central), donde se hizo cargo de su educación. La verdad es que la madre no opuso excesiva resistencia a entregar la niña a su abuela, y es que la relación entre Aurore y Sophie siempre fue extraña y tensa, un hecho que se reflejaría años más tarde en la relación entre la escritora y su propia hija.</p>
<p>Aurore pasó el resto de su infancia en Nohant, el lugar al que siempre regresaría en busca de la felicidad, el sitio que más amó en este mundo. Entre 1817 y 1820, se educó en el parisino Convent des Anglaises, de donde salió para regresar a Nohant; allí conocería, en la primavera de 1822, al barón Casimir Dudevant, con quien se casaría apenas unos meses más tarde. No está claro por qué Aurore eligió casarse con este hombre adusto, que le llevaba casi diez años y con el que apenas tenía nada en común. Tal vez porque, tras la muerte de su abuela el año anterior, se sentía sola. En cualquier caso, el matrimonio duró poco más de ocho años, durante los que nacieron dos hijos: Maurice (1823) y Solange (1828). Finalmente, a principios de 1831, Aurore abandonó a su marido y, junto a sus dos hijos, regresó a París, siguiendo a su joven amante, Jules Sandeau, ocho años menor que ella; Sandeau fue, que sepamos, el primero de la lista de grandes amores de Aurore, la mayoría más jóvenes que ella y con quienes tuvo relaciones no precisamente fáciles.</p>
<p>Con su regreso a París, Aurore, todavía baronesa Dudevant, iniciaría el período más escandaloso de su vida, pero también el más fructífero.</p>
<p><span id="more-134"></span></p>
<p><strong>DE LA BARONESA DUDEVANT A SAND LA REPUBLICANA</strong></p>
<p>Por aquel entonces Aurore ya se había iniciado como escritora, colaborando con Sandeau en varias historias cortas que publicaron con el pseudónimo de <em>Jules Sand</em>; en 1831, año de su separación, habían publicado, bajo el mismo nombre, una novela titulada <em>“Rose et Blanche”</em>, al mismo tiempo que trabajaba como articulista para <em>Le Figaro</em> y <em>La Revue des Deux Mondes</em>, publicación que sería clave en su carrera literaria. Allí hizo gala también de sus ideas republicanas, que contrastaban fuertemente con su posición de aristócrata (de la que no se desharía hasta 1836, cuando se le concedió el divorcio del barón), y también de su defensa de la igualdad de las mujeres, aunque Aurore siempre quiso distanciarse del feminismo militante, del que siempre renegó.</p>
<p>Fue en esa época cuando comenzó su vida escandalosa: para empezar, se vestía habitualmente de hombre; contrariamente a lo que se pueda pensar, no lo hacía como reivindicación social, sino porque la ropa masculina era más cómoda y barata que los aparatosos vestidos femeninos decimonónicos, y también porque así podía moverse con mayor libertad por las calles de París. Muchos empezaron a criticar a la todavía baronesa por tal costumbre, a lo que ella respondió haciendo pública otra costumbre, todavía más sorprendente si cabe: Aurore no tenía ningún problema en fumar en público, algo que a mediados del siglo XIX era visto como una absoluta provocación. Entre los muchos que criticaron duramente a Aurore por sus costumbres estuvo el poeta Charles Baudelaire, autor de <em>“Las Flores del Mal”</em>, que dijo de ella: <em>“Es estúpida y engreída. Sus ideas morales tienen la misma profundidad de juicio y delicadeza que las de las limpiadoras y las mantenidas&#8230; El hecho de que haya hombres que se enamoren de esta zorra es prueba de cuán bajo han caído los hombres de esta generación”</em>. A pesar de ser ampliamente criticada, Aurore también hizo grandes amigos entre los intelectuales de la época: Gustave Flaubert, Marcel Proust u Honoré de Balzac fueron algunas de sus personas preferidas; con el primero mantuvo, además, una larga correspondencia donde se ve reflejada la gran amistad que los unió.</p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand02.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-137" title="George Sand02" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand02.jpg?w=470" alt=""   /></a></p>
<p>En 1832, Aurore publicó su primera novela en solitario, <em>“Indiana”</em>, donde firmaría por primera vez con el nombre con el que pasaría a la posteridad: George Sand. Pocos meses después, provocaría otro escándalo con su amistad con la actriz Marie Dorval: las dos mujeres estaban siempre juntas y compartían prácticamente todo, lo que inevitablemente llevó a los rumores sobre una posible relación sentimental entre ellas; incluso el amante de Marie, el conde Alfred de Vigny, hizo patentes sus sospechas llamando a Aurore <em>“esa maldita lesbiana”</em>, y diciendo a la actriz que no se acercase a ella. Nada de ello surtió efecto, y Aurore y Marie mantuvieron intacta su amistad hasta la muerte de la actriz en 1849, momento en que Aurore se hizo cargo económicamente de los nietos de Marie.</p>
<p>Si bien la supuesta relación entre Aurore y Marie Dorval nunca ha podido ser probada, sí es cierto que Aurore amó a muchos de los grandes nombres de su tiempo, si bien, hasta donde se sabe, todos fueron hombres: además de Sandeau, algunos de sus amantes fueron los escritores Prosper Mérimée y Félicien Mallefille, pero los dos grandes amores de Aurore fueron, respectivamente, un poeta y un pianista: Alfred de Musset y Fréderic Chopin.</p>
<p><strong>MUSSET</strong></p>
<p>Un día de 1833, Aurore recibió una apasionada carta de admiración al respecto de su novela <em>“Indiana”</em>; el firmante era un joven de 23 años, considerado uno de los niños prodigio de las letras francesas, a la par que un libertino desatado: Alfred de Musset. Seis años más joven que Aurore, Musset había quedado profundamente impresionado por la lectura de <em>“Indiana”</em>, y quiso conocer personalmente a su ya popular autora. El encuentro entre ambos finalmente se produjo durante la lectura de presentación de <em>“Lélia”</em>, la nueva obra de Aurore, y no pasó demasiado tiempo hasta que se convirtieron en amantes. Sin embargo, y aunque su historia de amor es una de las más célebres de las letras francesas, era una relación condenada de antemano.</p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/alfred-de-musset-1-sized.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-138" title="alfred-de-musset-1-sized" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/alfred-de-musset-1-sized.jpg?w=470" alt=""   /></a>El motivo más importante era la diferencia de caracteres de Aurore y Musset, motivada en parte por su diferencia de edad y orígenes: Aurore era una mujer de 29 años que tenía dos hijos y era plenamente consciente de sus responsabilidades, mientras que Musset, con 23 años, vivía la vida al límite entre borracheras, mujeres, juego y opio, como si no hubiese un mañana. Además, la aristocrática familia de Musset, y muy especialmente su hermano mayor, Paul, no veía con buenos ojos la relación, y consideraban a Aurore como una advenediza que buscaba beneficiarse de la fama del poeta. Nada más lejos de la realidad, como ahora veremos.</p>
<p>La relación entre Aurore y Musset siempre fue tormentosa, pero iba a alcanzar su máxima expresión a partir del verano de 1833. Los dos amantes abandonan París con destino a Italia, donde Musset planeaba recopilar información para la obra de teatro que intenta escribir sobre Lorenzo de Médici, que cristalizará como la famosa <em>“Lorenzaccio”</em> que años más tarde interpretaría sobre los escenarios la mismísima Sarah Bernhardt. En Venecia, destino final de su viaje, se alojaron en el hotel Danieli, que iba a ser escenario de un vodevil trágico que iba a marcar las vidas de todos sus protagonistas, y muy especialmente la de Alfred de Musset. El joven poeta, ya de por sí inestable, encontró en los placeres nocturnos de Venecia el estilo de vida libertino definitivo, que le llevó a abandonar progresivamente su trabajo y a su amante; las peleas entre ambos se sucedían, y cuando la situación había llegado a un límite insostenible, un suceso terminó de dinamitar la relación: Musset cayó enfermo de fiebres, posiblemente a causa de sus juergas continuas. Al borde de la locura, Musset tuvo que ser atendido por el médico del hotel, un italiano llamado Pietro Pagello quien, si bien le salvó la vida, también le arrebató a Aurore; en efecto, herida por los múltiples desmanes del joven poeta, Aurore se enamoró de aquel médico serio y formal, en las antípodas de su inestable y tempestuoso amante. Aunque durante un tiempo ocultaron su relación al enfermo, finalmente éste les descubrió y, no pudiendo soportarlo, Musset regresó solo a París a principios de 1834.</p>
<p>Aurore permanecería en Venecia unos meses más, hasta que decidió regresar a Francia acompañada por Pagello; allí, la relación no duraría demasiado, y Pagello, envuelto en un oscuro asunto de tráfico de obras de arte, regresaría por donde vino, dejando la puerta entreabierta para que Aurore y Musset retomasen su relación. Hasta mediados de 1835 ambos escritores continuarían viéndose -si bien de forma intermitente-, y, sobre todo, escribiéndose. Las cartas intercambiadas por el binomio George Sand/Alfred de Musset son una de las muestras epistolares más apasionadas y atormentadas jamás publicadas. Tras su ruptura definitiva en 1835, Aurore y Musset no volvieron a verse excepto en una breve ocasión, en la que ni siquiera se dirigieron la palabra. Sin embargo, ambos salieron profundamente marcados por su relación, en especial Musset, quien un año más tarde, en 1836, le dedicó su obra magna, <em>“Confesión de un hijo del siglo”</em>, una de las novelas más emblematicas del Romanticismo francés. Aurore, por su parte, también novelaría su relación, años más tarde, en <em>“Ella y él”</em> (1859), que irritó sobremanera al hermano de Alfred, Paul de Musset, quien le contestaría con <em>“Él y ella”</em>, donde se burlaba y criticaba duramente a la autora, a quien acusaba de haber destrozado la vida de su hermano. A Paul se le terminó sumando una de las muchas amantes de Musset, Louise Colet, que dijo la suya en 1860 al publicar <em>“Él”</em>.</p>
<p>Alfred de Musset murió joven, como muchos de los hombres a los que Aurore amó. El 2 de mayo de 1857 falleció mientras dormía, víctima de un infarto provocado por la combinación de alcoholismo y una malformación aórtica. A los 47 años, había sobrevivido en ocho al otro gran amor de George Sand: un pianista polaco llamado Fréderic Chopin.</p>
<p><strong>CHOPIN</strong></p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/fredericchopinphoto.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-139" title="Frederic+Chopin+photo" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/fredericchopinphoto.jpg?w=470" alt=""   /></a>En 1836, unos meses después de su ruptura con Alfred de Musset, Aurore asistió a una fiesta celebrada por su amiga la condesa Marie d&#8217;Agoult y el amante de ésta, el célebre pianista Franz Liszt; allí, conoció a un colega de Liszt, un joven polaco de la misma edad de Musset que, por aquél entonces, ya había cosechado un gran éxito como pianista y compositor: Fréderic Chopin. Y, aunque nos pueda parecer raro, su primer encuentro fue de todo menos romántico: Chopin expresó su aversión hacia Aurore tachándola de <em>“repulsiva”</em> y preguntándose si realmente era una mujer. No se sabe exactamente dónde ni cuándo cambió la opinión del pianista respecto a Aurore, pero lo cierto es que para el verano de 1838 su relación amorosa era un secreto a voces por todo París.</p>
<p>Si la relación de Aurore con Musset había sido tempestuosa, su relación con Chopin fue, en general, bastante plácida, registrándose sólo dos incidentes remarcables en los diez años que permanecieron juntos; el primero de ellos fue el que traería a ambos hasta nuestro país, concretamente a la isla de Mallorca, donde acudieron durante el invierno de 1838-1839, junto a los dos hijos de Aurore, esperando que el clima más templado de la isla mejorase la salud de Chopin, quien padecía de tuberculosis. No fue una estancia plácida: los lugareños veían a la pareja (sobre todo a Aurore) como altivos y desdeñosos, y renegaban de ellos por no estar casados; asimismo, la pareja, que se alojó en la Cartuja de Valldemossa, veía a los mallorquines como supersticiosos, metomentodos y poco hospitalarios. Además, el piano de Chopin tardó varios meses en llegar, y el tiempo, que habían supuesto más cálido que en París, fue tan malo que a punto estuvo de acabar con la vida del compositor. Hartos de todo, Aurore y Chopin salieron de Mallorca el 13 de febrero de 1839 con destino a Barcelona, desde donde regresaron a Francia, primero a Marsella, donde Chopin se recuperó de los efectos del invierno mallorquín, y luego a Nohant.</p>
<p>La relación de Aurore y Chopin estuvo siempre marcada por la enfermedad del pianista, que gradualmente convirtió a la escritora de amante a enfermera, y casi a madre. Aurore llamaba a Chopin <em>“su tercer hijo”</em>, y frecuentemente se refería a él como <em>“niño”</em> o <em>“angelito”</em>.</p>
<p>En 1845, Aurore descubrió que su hija, Solange, pretendía casarse con el escultor Auguste Clésinger; las relaciones entre madre e hija siempre habían sido tirantes, y la desaprobación de Aurore sobre la elección de su hija las empeoró todavía más. Solange Dudevant y Auguste Clésinger terminaron casándose, para disgusto de Aurore, en 1847, y poco después empezaron los problemas de verdad, especialmente por temas económicos; parece ser que Chopin se puso de parte de Solange, algo que Aurore se tomó como una traición, llegando a sugerir que el pianista estaba enamorado de su hija. Tras un largo tira y afloja, Aurore y Chopin pusieron fin a su relación meses después.</p>
<p>Dos años después de su ruptura, el 17 de octubre de 1849, Fréderic Chopin falleció en París, víctima de la tuberculosis que le había acompañado media vida, con sólo 39 años de edad. Su corazón fue enviado a Polonia, mientras que su cuerpo fue enterrado en el parisino cementerio de Père Lachaise, a escasos 200 metros del lugar donde, ocho años después, sería inhumado Alfred de Musset.</p>
<p><strong>MADAME SAND</strong></p>
<p>Con los años, George Sand se fue alejando progresivamente de la vida ajetreada que había mantenido en sus años de juventud. En 1848 estalló la Revolución contra el gobierno de Luis Felipe de Orléans, el que sería el último rey de Francia. En esa época, Aurore ejerció más que nunca su activismo político en favor de los trabajadores y de los derechos de las mujeres; sin embargo, las matanzas que siguieron a la revolución afectaron profundamente a Aurore, quien escribió: <em>“No puedo creer en ninguna república que empiece su revolución matando a su propio proletariado”</em>.</p>
<p>Tras el fracaso de la Revolución de 1848, desengañada con los ideales socialistas que había defendido durante media vida, se retiró a su querido Nohant, donde residiría el resto de su vida, exceptuando un pequeño paréntesis de tres años, entre 1864 y 1867, en los que vivió en Palaiseau, cerca de Versalles, junto a su último amante, Alexandre Manceau. Desde allí, publicaría obras de corte autobiográfico, como la indispensable <em>“Historia de mi vida”</em> (1855), la ya citada <em>“Ella y él”</em>, y los veinticinco volúmenes que componen su <em>“Correspondencia”</em>, una de las más apasionantes que existen en el género. También escribiría allí su <em>“Diario íntimo”</em>, que no se publicaría hasta cincuenta años después de su muerte, en 1926.</p>
<p>En Nohant, rodeada de sus nietos, a los que adoraba, y de sus amigos, que la adoraban a ella, pasó Aurore los últimos años de su vida. Había dejado atrás el escándalo y la provocación, la política y el feminismo. Dejó de ser George Sand, la escritora, para convertirse en Madame Sand, la <em>“buena señora de Nohant”</em>, querida y venerada por todos. De esa época son los célebres retratos fotográficos que le realizó uno de los padres de la fotografía, Gaspar-Félix Tournachon, Nadar, donde vemos a una mujer apacible, serena, en cuya bonhomía no apreciamos los signos de la ajetreada vida que llevó.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand03.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-140" title="George Sand03" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/george-sand03.jpg?w=470" alt=""   /></a></p>
<p>El 8 de junio de 1876, Aurore Dupin fallecía en su casa de Nohant, a los 71 años de edad. Se iba el símbolo de toda una época, el Romanticismo, que la tendrá como máximo exponente hasta nuestros días. Ella creyó, como dijo en una carta a su amigo Flaubert, que sería olvidada con el paso de los años; no sólo no fue así, sino que hoy día es recordada como una de las más grandes escritoras en lengua francesa, y como uno de los modelos más importantes para el feminismo. Como ella misma escribió en una respuesta a sus críticos, <em>“el mundo me conocerá y entenderá algún día; y si eso no sucede, no importará demasiado, porque habré abierto el camino para otras mujeres”</em>.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Eisler, Benita, <em>Naked in the Marketplace: The Lives of George Sand</em>, Counterpoint, Berkeley, 2007</li>
</ul>
<ul>
<li>Harlan, Elizabeth, <em>George Sand</em>, Yale University Press, New Haven, 2004</li>
</ul>
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<li>Jack, Belinda, <em>George Sand</em>, Vergara, Barcelona, 2002</li>
</ul>
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<li>Sand, George, <em>Correspondance</em>, Nabu Press, Charleston, 2010</li>
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<ul>
<li>ibíd., <em>Lettres d&#8217;un Voyageur</em>, Penguin, London, 1988</li>
</ul>
<ul>
<li>ibíd., <em>Un Hiver à Majorque</em>, Dodo Press, Gloucester, 2008</li>
</ul>
<ul>
<li>Sand, G., Musset, A. &amp; Decori, F., <em>Correspondance de George Sand et d&#8217;Alfred de Musset</em>, E. Deman, Bruxelles, 1904</li>
</ul>
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		<title>María Estuardo (Parte II y final)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Dec 2010 13:23:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MATRIMONIO CON BOTHWELL Los rumores que acusaban a María de haber planeado el asesinato de su esposo se volvían cada vez más violentos; los nobles, que eran tan responsables como Bothwell de la muerte de Darnley, se unieron para “vengar” al pequeño Jacobo. Su estandarte mostraba el cuerpo sin vida de Darnley, y junto a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=123&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size:small;"><strong><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/mary-stuart02.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-125" title="Mary Stuart02" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/mary-stuart02.jpg?w=208&#038;h=300" alt="" width="208" height="300" /></a>MATRIMONIO CON BOTHWELL</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Los rumores que acusaban a María de haber planeado el asesinato de su esposo se volvían cada vez más violentos; los nobles, que eran tan responsables como Bothwell de la muerte de Darnley, se unieron para “vengar” al pequeño Jacobo. Su estandarte mostraba el cuerpo sin vida de Darnley, y junto a él, Jacobo arrodillado clamaba <em>“Juzga y venga mi causa, oh Señor”</em>. Para liderar tan “noble” causa se eligió a Jacobo Estuardo, el hermano bastardo de María, quien había regresado recientemente de Francia; allí había pasado un corto período, justo el suficiente para que su nombre no se manchara con la sangre de Darnley.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Poco prudente como era, María dio a su hermano la excusa que buscaba para atacarla directamente: el 24 de abril de 1567, la reina regresaba a Edimburgo desde Stirling, donde había visitado a su hijo. En un punto indeterminado del camino, la comitiva fue atacada por los soldados de Bothwell, quien secuestró a María y se la llevó a la fortaleza de Dunbar. Nunca se sabrá qué pasó exactamente allí: la explicación oficial fue que María había sido violada por Bothwell; de todas formas, las actitudes pasadas y futuras de la reina para con su supuesto violador hacen pensar que todo fue una elaborada puesta en escena para propiciar lo que sucedería unas semanas después: a su regreso a Edimburgo, en lugar de juzgar y condenar a Bothwell, María se casó con él por el rito protestante. Fue el pistoletazo de salida a una rápida confrontación entre las tropas de la reina y las de los nobles rebeldes, comandados, cómo no, por Jacobo Estuardo.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">La llamada batalla de Carberry Hill (que no fue tal, puesto que no se llegó a las armas) terminó con la rendición de María, con la condición de que dejasen marchar a Bothwell; un nuevo error de apreciación de la soberana, pues debería haber sabido que Jacobo no cumpliría su parte del trato. Tan pronto tuvo a María en su poder, Jacobo salió tras Bothwell que, no obstante, conseguiría escapar, sólo para llegar a la costa escandinava, donde sería denunciado por una antigua prometida y acabaría sus días, enloquecido, en una prisión de Dinamarca.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">En cuanto a María, fue recluída en el castillo de Loch Leven, donde sufrió un aborto de gemelos; pocos días después, fue obligada a abdicar en la persona de su hijo Jacobo, proclamado Jacobo VI de Escocia con sólo un año de edad; el escogido como regente fue, claro, su tío Jacobo Estuardo, quien cumplía así su máxima aspiración: el bastardo conde de Moray sería el gobernante de hecho de Escocia durante los siguientes dos años y medio, hasta que fue asesinado de un tiro en 1570 por James Hamilton, un partidario de María, convirtiéndose así en la primera víctima de magnicidio por arma de fuego. Sin embargo, antes de que eso sucediera, iba a enfrentarse una postrera vez a su hermana, cuando ésta escapó en mayo de 1568; en la batalla de Langside, Jacobo derrotó definivamente a María, obligándola a huir hacia el sur. El 13 de mayo de 1568, María Estuardo atravesó, disfrazada, el estuario del río Solway, cruzando así la frontera con Inglaterra; la ex-reina de los escoceses se ponía en manos de la persona que más motivos tenía para temerla y odiarla: Isabel I de Inglaterra, <em>la Reina Virgen</em>.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span id="more-123"></span></span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>CAUTIVERIO EN INGLATERRA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">María creía realmente que Isabel la ayudaría a recuperar su trono; de hecho, Isabel despreciaba a los nobles escoceses por haber violado la sacralidad real de la que María estaba imbuída. No obstante, también sospechaba que la ex-reina podía haber tomado parte en el asesinato de su esposo, por lo que optó, como era costumbre en ella, por actuar con una cautela cercana a la indecisión que exasperó a todos los protagonistas de la trama. Una conferencia celebrada en York y Westminster en el otoño-invierno de 1568 resultó en la ratificación de Jacobo Estuardo como regente de Escocia, y en la “custodia protectiva” de María en territorio inglés.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">La culpa la tuvieron las celebérrimas “Cartas del Cofre”, presentadas por los nobles escoceses; estas ocho cartas, supuestamente escritas por María y dirigidas a Bothwell, fueron encontradas dentro de una arquilla de plata grabada con la letra F (atribuída al primer marido de María, Francisco II) y, junto con otros documentos, probaban según Moray la culpabilidad de su hermana en el asesinato de Darnley. No obstante, la investigación encargada por Isabel determinó que era imposible determinar si las cartas eran o no auténticas, lo que dio como resultado la situación antes mencionada. A día de hoy, los expertos están casi seguros de que las cartas (de las que sólo se conservan copias, pues las originales se perdieron en 1584) son falsas, y que fueron fabricadas para involucrar a María en la muerte de Darnley.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/mary-stuart03.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-127" title="Mary Stuart03" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/12/mary-stuart03.jpg?w=470&#038;h=487" alt="" width="470" height="487" /></a></span></p>
<p><span style="font-size:small;">De esta manera empezó el peregrinaje de María por diversas fortalezas inglesas, pasando de carcelero en carcelero sin que Isabel se terminara de decidir sobre qué hacer con tan incómoda huésped. En 1570, Carlos IX de Francia consiguió convencer a Isabel de que liberase a María y la ayudase a recuperar el trono, algo que Isabel supeditó a que María ratificase el Tratado de Edimburgo, algo a lo que ésta se negó. Ése mismo año, la conspiración de Ridolfi, que pretendía asesinar a Isabel y elevar a María al trono, hizo ver a la soberana inglesa lo peligrosa que podía llegar a ser la escocesa, incluso aunque no estuviese directamente implicada en la conspiración, como fue el caso. Recluída en el castillo de Sheffield, permanecería bajo estricta vigilancia los siguientes 18 años, especialmente por parte de sir Francis Walsingham, el gran maestro de espías de Isabel I y la persona directamente responsable de la caída final de María.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>UNA REINA EN EL PATÍBULO</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Después de ser implicada en varias conspiraciones para derrocar a Isabel, en las que nunca se pudo demostrar completamente su participación, María cometió el último de sus errores en 1585: dio su consentimiento tácito a la conspiración de Babington, un plan apoyado por el Papa Sixto V y por Felipe II de España para, de nuevo, asesinar a Isabel I y reemplazarla por María Estuardo. Walsingham, que sabía que con la muerte de María Estuardo se reduciría significativamente la amenaza católica en Inglaterra, estrechó aún más el cerco de vigilancia alrededor de María, y finalmente obtuvo su prueba: la correspondencia entre María y sir Anthony Babington, que se producía a través de barriles de vino, fue interceptada y descifrada, demostrando que María conocía la conspiración; insatisfecho con el resultado, Walsingham encargó a uno de sus espías, Thomas Phelippes, que falsificase una posdata en la última de las cartas de María, donde ésta ofrecía su participación activa en el asesinato de Isabel.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">La acusación dio inicio a un juicio en el que a María Estuardo le fueron negados sus derechos básicos como acusada: no le fue permitido revisar las pruebas de su acusación, ni tampoco tener un abogado. Ninguna de las protestas de María surtió efecto, y la ex reina escocesa fue finalmente declarada culpable de traición y condenada a ser decapitada; sin embargo, el periplo final de María no terminaría aquí. Durante varias semanas, Isabel tuvo la orden de ejecución en su poder sin decidirse a firmarla, pues temía una posible venganza por parte del hijo de María, el ahora rey Jacobo VI. Cuando finalmente firmó la orden, no permitió que se llevase a cabo hasta que ella diese su permiso explícito; harto de las dudas de la soberana, el Consejo Privado decidió llevar a cabo la ejecución sin su conocimiento antes de que Isabel cambiase de nuevo de opinión.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">El 8 de febrero de 1587, a primera hora de la mañana, María Estuardo se encaminó a su última cita con el destino en esta vida: rodeada de sus sirvientas, que le fueron fieles hasta el final, se dirigió al gran salón del castillo de Fotheringhay (Northamptonshire), donde se había erigido un patíbulo privado para que la ex reina muriese lejos de los ojos curiosos del populacho. Cuando se despojó de las ropas exteriores, pudo verse que llevaba una camisa interior carmesí, el color litúrgico del martirio para la Iglesia Católica; de este modo, María expresaba su certeza de que moría no por sus crímenes (de los que siempre se declaró inocente), sino por su condición de católica. Si hay que creer las crónicas de la época, la ejecución de María fue una auténtica carnicería: el primer golpe del verdugo fue torpe, y sólo le alcanzó la parte trasera de la cabeza, oyéndose sus gemidos de dolor; el segundo sí le alcanzó el cuello, dándole muerte, pero no terminó de separar su cabeza del cuerpo; el verdugo tuvo que utilizar el filo del hacha a modo de cuchillo para rematar la faena, ante el horror de la concurrencia. Para añadir más esperpento a la situación, cuando el verdugo sostuvo la cabeza en alto y gritó <em>“¡Dios salve a la Reina!”</em>, la peluca de María se desprendió, y su cabeza rodó por el suelo. Por fin todo había terminado: la conflictiva prima escocesa de Isabel I había muerto a los 44 años de edad.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">En cuanto a Isabel, no supo de la muerte de María hasta varios días más tarde, y su ira fue inenarrable: el secretario al que había confiado la orden de ejecución, William Davison, fue encerrado en la Torre de Londres y, aunque finalmente fue liberado, su carrera quedó destruida por completo. Isabel nunca superó los remordimientos que le produjo la ejecución de María: ella, que era hija de una reina ejecutada (Ana Bolena), se había convertido en la responsable de la ejecución de otra reina con la que, además, también tenía vínculos de sangre.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">En cuanto al cadáver de María, y aunque ella había solicitado ser enterrada en Reims junto a su madre y varios familiares de la casa de Guisa, fue inicialmente inhumada en la catedral de Peterborough, muy cerca de donde yacía la infortunada primera reina de Enrique VIII, la española Catalina de Aragón. El destino quiso que, dieciséis años después de su muerte, su hijo Jacobo VI de Escocia subiese al trono de Inglaterra al morir Isabel I sin herederos; convertido ahora en Jacobo I de Inglaterra, el hijo ingrato que no movió un dedo por ayudar a su madre quiso tenerla ahora cerca de sí, y ordenó el traslado de sus restos a la Abadía de Westminster, donde reposan hoy día, a tan sólo 9 metros de quien fue la persona más decisiva de su vida, su gran enemiga íntima: Isabel I de Inglaterra.</span></p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
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<li>Dunn, Jane, <em>Elizabeth &amp; Mary: Cousins, Rivals, Queens</em>, Vintage, London, 2005</li>
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<li>Graham, Roderick, <em>The Life of Mary Queen of Scots: An Accidental Tragedy</em>, Pegasus, New York, 2009</li>
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<li>Guy, John, <em>My Heart is My Own: The Life of Mary Queen of Scots</em>, Harper Perennial, New York, 2004</li>
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<li>Warnicke, Retha M., <em>Mary Queen of Scots</em>, Routledge, Oxford, 2006</li>
</ul>
<p><em><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.wordpress.com/2010/11/25/maria-estuardo-parte-i/">Anterior: María Estuardo (Parte I)</a></span></em></p>
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		<title>María Estuardo (Parte I)</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2010 13:49:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edad Moderna]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-112" title="Mary Stuart" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart.jpg?w=196&#038;h=300" alt="" width="196" height="300" /></a>María Estuardo es un personaje difícil de clasificar. Mártir y santa para unos, símbolo de la depravación para otros, su tumultuosa vida nos la presenta hoy día como una heroína de folletín. Lo cierto es que se trató de una mujer veleidosa, sin duda llena de buenas intenciones hacia su pueblo, y víctima de las manipulaciones de una política que no estaba preparada para comprender. Si bien no fue la pobre inocente que la propaganda católica quiso crear, está claro que tampoco fue el ser abyecto que dibujaron los protestantes; se trató más bien de una mujer profundamente desgraciada, que sufrió la ingratitud de casi todos los que la rodearon -entre ellos, su propio hijo-, y que tuvo un pésimo criterio a la hora de hacer sus elecciones políticas, lo que le costó el trono, la libertad y, finalmente, su propia vida.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>REINA DESDE LA CUNA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">María Estuardo (ing.: <em>Mary Stuart</em>) vino al mundo en el palacio de Linlithgow, cerca de Edimburgo, el 8 de diciembre de 1545. Era la hija del rey Jacobo V de Escocia, sobrino del rey de Inglaterra Enrique VIII, y de su segunda esposa, la francesa María de Guisa. La tragedia salpicó muy pronto la vida de la pequeña María: apenas seis días después de su nacimiento, Jacobo V, que había sufrido una estrepitosa derrota en Solway Moss a manos de Enrique VIII, fallecía en el castillo de Falkland, dejando como única heredera a este bebé, niña por demás, que ponía en serios problemas la continuidad de la monarquía escocesa y, por ende, su independencia frente a su codicioso vecino inglés.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">En efecto, hacía ya tiempo que Enrique VIII había puesto sus miras en Escocia y, tras las muchas derrotas infligidas a sus habitantes -dos reyes habían muerto ya bajo su mandato-, ahora se proponía agenciarse el país por la vía matrimonial. Sabedor de que María de Guisa sería contraria a sus deseos, Enrique realizó su propuesta directamente a los nobles escoceses: la pequeña reina se casaría con su hijo y heredero, Eduardo, y, mientras llegaba el momento, sería educada en Inglaterra. Horrorizada ante la posibilidad de que su hija fuese educada como protestante, María de Guisa, ferviente católica, tomó cartas en el asunto y puso a su hija a buen recaudo. Se iniciaba lo que se conocería como <em>“el cortejo a la inglesa”</em>.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Así pues, la reina niña (había sido coronada el 9 de septiembre de 1546) y su madre iniciaron un penoso peregrinaje por todo el país, hostigadas en todo momento por el ejército inglés, cuyo cometido era esencialmente secuestrar a María y llevarla a los dominios de Enrique. Tras la desastrosa derrota de los escoceses en Pinkie Cleugh (1547), la regente y su hija se refugiaron en la abadía de Inchmahome, mientras se reactivaba la llamada <em>Auld Alliance</em> (antigua alianza) entre Francia y Escocia, y los ejércitos del rey francés, Enrique II, entraban en territorio escocés en ayuda de la reina-niña. El 7 de julio de 1548 se firmaba el tratado matrimonial que convertía a María en la futura esposa de Francisco, el delfín francés; un mes más tarde, el 7 de agosto, María era recibida en Calais por Enrique II en persona.</span></p>
<p><span id="more-111"></span><br />
<span style="font-size:small;"><strong>REINA DE FRANCIA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">En la corte francesa, María obtuvo su propia casa y, a pesar de que se crió en la guardería real junto a los príncipes galos, siempre tuvo precedencia y fue tratada con honores de reina, algo que molestaba sobremanera a la soberana y futura suegra de la joven, Catalina de Médicis. A pesar del desafecto de la florentina, María trabó una gran amistad con los príncipes y princesas Valois -especialmente con Isabel, quien años después se casaría con Felipe II de España-, y siempre se mantuvo muy cercana a su futuro esposo, Francisco, un niño enfermizo, frío y débil, que encontraba en su vitalista y alegre prometida uno de sus escasos motivos para vivir. Además de ellos, las acompañantes inseparables de la reina-niña eran las llamadas <em>cuatro Marías</em>: cuatro muchachas nobles de su misma edad que  la habían seguido hasta Francia como damas de honor, confidentes y amigas, todas ellas llamadas María, pero más conocidas por sus apellidos: Beaton, Seton, Fleming y Livingston.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">La joven pasaría los siguientes trece años de su vida en tierras francesas, durante los cuales dejó atrás la niñez y despuntó como una joven extraordinariamente hermosa e inteligente; a lo largo de su vida, María Estuardo llegó a hablar perfectamente seis idiomas: francés, español, italiano, latín, griego y su escocés nativo. Su lengua vehicular sería, no obstante, la primera. Además, era excepcionalmente alta para la época: hay crónicas que dicen que llegó a medir 1&#8217;70, aunque lo más probable es que bordease el 1&#8217;60, lo que sigue siendo una altura más que notable para una mujer del siglo XVI.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart-et-franc3a7ois-ii.jpg"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-114" title="Mary Stuart et François II" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart-et-franc3a7ois-ii.jpg?w=110&#038;h=150" alt="" width="110" height="150" /></a>El 24 de mayo de 1558, María Estuardo y Francisco de Valois se casaron en la parisina catedral de Notre-Dame; para la ocasión, María decidió vestir de blanco, lo que se consideró de mal gusto, pues el blanco era el color del luto de las reinas en Francia. Pocos meses después de la boda, el mal presagio que se había considerado la indumentaria blanca de la joven se empezó a hacer realidad: el 17 de noviembre, la reina María I de Inglaterra moría sin descendencia, y ascendía al trono su hermana Isabel. Sin embargo, como quiera que Isabel era protestante, y había sido declarada bastarda tras la ejecución de su madre, Ana Bolena, el rey francés vio la oportunidad perfecta para echarle el guante a su viejo enemigo del norte; pocos días más tarde, María, en calidad de sobrina-nieta de Enrique VIII, y Francisco eran proclamados reyes de Inglaterra, y las armas reales inglesas fueron añadidas al escudo de la pareja. Sin saberlo, María había dado el primer paso hacia su funesto final.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Lo cierto es que María y Francisco no llegaron a ejercer jamás como soberanos de Inglaterra, ya que el Acta de Sucesión establecida por Enrique VIII en 1543 daba por buena la sucesión de Isabel, excluyendo explícitamente a los Estuardo de la línea dinástica. Eso, por no mencionar que los desmanes de María I contra los protestantes hacían que los ingleses no quisieran ni oír hablar de otra soberana católica; así pues, María Estuardo lo tenía francamente difícil para llegar a reinar algún día en el trono inglés. Las cosas no hicieron sino empeorar cuando perdió a su principal apoyo, su suegro Enrique II, quien murió el 10 de julio de 1559 debido a un accidente en una justa. Dos niños de 15 y 17 años se convertían en reyes de Francia.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">El brevísimo reinado francés lo pasó María Estuardo batallando para no ratificar el Tratado de Edimburgo, que obligaba a María y Francisco a eliminar las armas de Inglaterra de su escudo personal, y a reemplazar la <em>Auld Alliance</em> por una alianza anglo-escocesa, además de ratificar a Isabel I como legítima monarca de Inglaterra. Este sería un punto de fricción entre ambas mujeres durante toda su vida, pues, mientras María no ratificase el tratado, seguía suponiendo una amenaza a la vida y el reinado de Isabel. Para colmo de males, María perdió también el apoyo de su marido, Francisco II, quien murió el 5 de diciembre de 1560, un año y medio después de subir al trono, debido a una infección de oído que terminó provocándole un absceso en el cerebro. Automáticamente, Catalina de Médicis, que se había retirado a un discreto segundo plano tras la muerte de su marido, volvió a la escena apartando sin miramientos a su nuera y asumiendo el título de regente en nombre de su segundo hijo, Carlos IX, de nueve años. La florentina, que como ya hemos dicho odiaba a María, aprovechó para ningunearla sin piedad y, de paso, para retirar a los soldados franceses de Escocia, ratificando a Isabel I como legítima reina de Inglaterra. Fue el bofetón definitivo al orgullo de María, quien decidió abandonar Francia para reclamar el lugar que le pertenecía como reina de los escoceses.</span><br />
<span style="font-size:small;"><strong>REGRESO A ESCOCIA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Tras unos meses en los que se despidió de toda su familia francesa, María embarcó con destino a Escocia. La reina Isabel le había denegado el salvoconducto para atravesar Inglaterra, por lo que la comitiva de María tuvo que rodear toda la isla hasta que atracaron en Leith, el 19 de agosto de 1561. Desde luego, la refinada educación francesa que había recibido la joven reina no la había preparado en absoluto para la complicadísima situación política que existía en su país: era una mujer, adolescente y católica en un país dominado por los ambiciosos nobles, que además se habían pasado en masa al calvinismo que predicaba furibundamente John Knox, probablemente el mayor enemigo que tuvieron las mujeres gobernantes del siglo XVI en general, y María Estuardo en particular. El líder político de la facción protestante era Jacobo Estuardo, primer conde de Moray, hermano bastardo de María y auténtico villano de esta función.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart04.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-115" title="Mary Stuart04" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/11/mary-stuart04.jpg?w=230&#038;h=300" alt="" width="230" height="300" /></a>Intentando ser conciliadora, María instituyó una política de tolerancia religiosa hacia los protestantes, y mantuvo a Jacobo como su consejero principal. Gracias a ello, Jacobo pudo seguir quitándose enemigos de encima, deshaciéndose por ejemplo de Lord Huntly, el católico más poderoso de Escocia, quien habría sido de gran ayuda a María en los tiempos oscuros que estaban por venir. Por otro lado, intentó apaciguar las cosas con Isabel, invitándola a visitar Escocia y enviando a su embajador, William Maitland de Lethington, a proponer su candidatura como heredera al trono de Inglaterra si Isabel moría sin hijos. A pesar de que fueron varios los intentos de que ambas reinas se encontrasen cara a cara, lo cierto es que las decisiones políticas y personales de María -entre las que se incluía su rechazo a ratificar el Tratado de Edimburgo- hicieron que las dos mujeres no llegasen a conocerse jamás.</span><br />
<span style="font-size:small;"><strong>MATRIMONIO CON LORD DARNLEY</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Una de las decisiones que María más iba a lamentar fue la que le llevó a casarse con su segundo marido. Teniendo sólo 18 años estaba claro que María se volvería a casar, y éste era un tema de suma importancia para mucha gente. Empezando por sus nobles, que temían que el matrimonio de María con uno de ellos concediese mayor poder a una familia por encima de las otras, y siguiendo por Isabel, que temía una alianza entre Escocia y otra potencia católica en contra de Inglaterra. Tanto es así, que Isabel hizo saber a María que sólo la declararía su heredera si aprobaba su siguiente matrimonio, pasando entonces a sugerir como posible esposo nada menos que a sir Robert Dudley, su favorito y, a decir de muchos, gran amor. Ni que decir tiene que, a pesar de ser elevado a conde de Leicester para no desentonar con María, a Dudley la noticia no le hizo la menor gracia. Preocupada por la futura decisión de María con respecto a su esposo, Isabel cometió uno de sus mayores errores tácticos.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">La reina inglesa, quizá esperando distraer momentáneamente a María, envió de vuelta a Escocia a Henry Stuart, lord Darnley. Éste era hijo de Matthew Stewart, conde de Lennox, y de su esposa, Margaret Douglas; el conde era el líder de la facción católica escocesa, y, tras reclamar el trono a la muerte de Jacobo V, había tenido que exiliarse a Inglaterra, donde vivía con su familia desde hacía 22 años. Darnley había nacido en tierra inglesa y era súbdito de Isabel, aunque seguían poseyendo tierras en Escocia; así pues, cuando el joven solicitó a la reina partir para sus territorios escoceses, Isabel le concedió el permiso, con la idea de que el muchacho, sumamente agraciado, distraería las atenciones de la joven reina escocesa.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Lo que Isabel no podía prever era que María se iba a enamorar perdidamente de Darnley, hasta el punto de desafiarla a ella, a sus consejeros y casi al país entero para poder casarse con él. Isabel perdió nuevamente los nervios: como María, Darnley era descendiente directo de Margarita Tudor (de hecho, ambos eran primos), y por tanto dos poderosos aspirantes al trono inglés, posición que heredarían sus hijos, convirtiéndose en los siguientes en la línea sucesoria -cosa que de hecho sucedió-. Así pues, apenas unos días después de que se celebrase la boda, el 29 de julio de 1565, Isabel encerró a lady Douglas en la Torre de Londres bajo el pretexto de no haberle solicitado permiso para celebrar el enlace, siendo Darnley su súbdito. Por otro lado, el hermano bastardo de María, Jacobo, aprovechó la condición de católico de su cuñado para alzarse en armas contra su hermana por primera vez, siendo derrotado por las tropas leales a María y huyendo al exilio en Inglaterra.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Poco podía saber María entonces que casarse con Darnley iba a ser una de las peores decisiones de su vida, y no sólo porque había propiciado la primera de las rebeliones de la nobleza en su contra: arrogante, caprichoso y mimado, el joven pronto exigió a María la <em>Crown Matrimonial</em>, o lo que era lo mismo, ser ungido rey de Escocia para compartir las tareas de gobierno con su esposa. Viendo el carácter de Darnley, María optó por darle largas y evitar males mayores, ya que no podía divorciarse de él; eso hubiese supuesto que el hijo que esperaba hubiese sido declarado bastardo.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Durante los largos meses de su embarazo, mientras Darnley andaba de juerga en juerga por las calles de Edinburgo, María trabó gran amistad con un músico italiano llamado David Rizzio. Italiano de nacimiento, servía como músico en la corte del conde de Moretto cuando acudió a Escocia como parte de una embajada; su hermosa voz le consiguió un puesto en el grupo de músicos de la reina escocesa y, a medida que su amistad con ella se fue afianzando, fue obteniendo puestos de mayor responsabilidad hasta llegar al cargo de secretario de la reina para sus relaciones con Francia, aunque su secreta ambición era llegar a convertirse en secretario de estado. Celoso de la amistad entre María y Rizzio, obsesionado con el poder y creyendo que su esposa le era infiel, Darnley pactó con los nobles que se habían rebelado junto a Jacobo Estuardo para eliminar de un plumazo al molesto italiano, al tiempo que intentando dar un golpe de estado. El 9 de marzo de 1566, un grupo de nobles irrumpió violentamente en los aposentos de María, se llevaron a rastras a Rizzio y lo apuñalaron hasta la muerte; la complicidad de Darnley, que había preferido no hacer acto de aparición en la carnicería, fue probada cuando los nobles dejaron la daga del rey clavada en el cuerpo de Rizzio.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">María fue encerrada en sus aposentos del palacio de Holyrood, donde quedó a la espera de nuevos acontecimientos; sabiendo que su destino dependía del voluble humor de su esposo, se tragó su ira y consiguió convencerle de que le había perdonado. Darnley picó en la trampa y ayudó a su esposa a huir. Había cometido el último de sus errores.</span><br />
<span style="font-size:small;"><strong>EL ASESINATO DE LORD DARNLEY</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">El 19 de junio de 1566 nacía Jacobo, único hijo de María y Darnley. Pocas semanas después, los nobles escoceses decidieron dar un final drástico al “problema de Darnley”. Aunque se sugirió el divorcio por la vía legal (que hubiese mantenido intacta la condición del príncipe Jacobo), estaba claro que aquellos a quienes traicionó tenían otros planes. Viendo el ambiente enturbiado, Darnley optó por la huída una vez más, y se refugió junto a su padre en Glasgow, donde contrajo una misteriosa enfermedad que algunos indican como viruela, pero que más probablemente era sífilis, contraída en sus correrías con prostitutas de todo calado. Serían sus últimas Navidades.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">A principios del año siguiente, María reclamó a Darnley que regresara a Edimburgo, pues no estaba bien visto que la reina y su esposo permanecieran tanto tiempo separados, una circunstancia que podía interpretarse como el paso previo a un divorcio. Todavía escamado, Darnley regresó pero, excusándose en su enfermedad, evitó cruzar los muros de la ciudad y se quedó alojado en Kirk o&#8217; Field, una antigua abadía reconvertida en casa particular que se encontraba fuera de los límites de Edimburgo, pero sólo a diez minutos del palacio de Holyrood; desde allí, María visitaba frecuentemente a Darnley, lo que empujó a la nobleza y al pueblo a pensar en una posible reconciliación entre la reina y su esposo.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Decididos a impedir un nuevo ascenso de Darnley al poder, los nobles optaron por actuar de un golpe, y el 10 de febrero de 1567 una tremenda explosión destruyó Kirk o&#8217; Field. El cuerpo semidesnudo de Darnley fue hallado en el jardín, pero su muerte no había sido provocada por la explosión: Henry Stuart, lord Darnley, había sido estrangulado. En las horas siguientes, se supo que quien había provisto la pólvora para el atentado había sido uno de los favoritos de la reina, James Hepburn, conde de Bothwell, lo que hizo que las sospechas se dirigiesen inmediatamente hacia él. Presionada por las circunstancias, María orquestó un simulacro de juicio contra Bothwell, donde éste no sólo fue absuelto de todos los cargos, sino que se le restauraron tierras que Darnley le había arrebatado, ya que a la muerte de éste habían revertido en María. No sorprende pues que las sospechas que planeaban sobre Bothwell se extendiesen también a María. Fue el principio del fin para la última reina soberana de los escoceses.</span></p>
<p><em><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.wordpress.com/2010/12/02/maria-estuardo-parte-ii-y-final/">Posterior: María Estuardo (Parte II y final)</a></span></em></p>
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			<media:title type="html">Mary Stuart</media:title>
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			<media:title type="html">Mary Stuart et François II</media:title>
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			<media:title type="html">Mary Stuart04</media:title>
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	</item>
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		<title>Lidiya Litvyak</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Oct 2010 21:50:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[La Segunda Guerra Mundial es uno de los períodos más terribles de la historia de la humanidad. Seis interminables años en los que el mundo ardió, causando 60 millones de muertos y abriendo unas heridas que todavía hoy, en algunos casos, no han cicatrizado del todo. Se movilizaron todos aquellos hombres que podían luchar y, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=97&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/lydia-litvyak.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-98" title="Lydia Litvyak" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/lydia-litvyak.jpg?w=225&#038;h=300" alt="" width="225" height="300" /></a>La Segunda Guerra Mundial es uno de los períodos más terribles de la historia de la humanidad. Seis interminables años en los que el mundo ardió, causando 60 millones de muertos y abriendo unas heridas que todavía hoy, en algunos casos, no han cicatrizado del todo. Se movilizaron todos aquellos hombres que podían luchar y, debido a las circunstancias, no fueron pocas las mujeres que también contribuyeron directamente a la liza, ya fuese colaborando con la Resistencia tras las líneas enemigas o luchando codo a codo con sus compañeros masculinos. Esta circunstancia se dio especialmente en la Unión Soviética, donde las féminas lucharon tanto como los hombres, destacando especialmente como francotiradoras y, como en el caso que nos ocupa, pilotos de guerra. Esta es la historia de Lidiya Litvyak, <em>la Rosa Blanca de Stalingrado</em>.</p>
<p><strong>PRIMEROS AÑOS Y ESTALLIDO DE LA GUERRA</strong></p>
<p>Lidiya Vladimirovna Litvyak (ruso: Лидия (Лилия) Владимировна Литвяк) nació en Moscú el 18 de agosto de 1921, cuando la Unión Soviética todavía estaba gobernada por Lenin. Es poco, poquísimo, lo que se sabe de su vida anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial, y todo tiene que ver con su pasión por la aviación. Con sólo 14 años dio inicio a su carrera aérea matriculándose en un aeroclub soviético, obteniendo el carnet de piloto deportiva dos años más tarde. Su ascenso fue meteórico, y a finales de la década de los &#8217;30 ya se había convertido en instructora de vuelo. Para cuando los nazis de Adolf Hitler invadieron la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, Lidiya había entrenado ya nada menos que a cuarenta y cinco pilotos.</p>
<p>Al declararse la guerra entre Rusia y Alemania, Lidiya quiso alistarse de inmediato para combatir, pero fue rechazada por falta de experiencia, ya que no había cumplido las 100 horas de vuelo que se exigían como mínimo necesario para postular como piloto de caza. Sin pensárselo un momento, Lidiya falsificó su documentación y, con las 100 horas de vuelo “cumplidas”, fue admitida en el 586º Regimiento de Cazas (IAP 586), una unidad exclusivamente femenina de Yak-1, creada por la célebre piloto Marina Raksova. Tras unos meses de entrenamiento, realizó sus primeros vuelos de combate en verano de 1942 sobre Sarátov (sur de Rusia). En septiembre de ese mismo año, fue asignada, junto a otras siete pilotos -entre las que se encontraba Katya Budanova, la única otra mujer en la historia que ha alcanzado el honor de ser considerada as de la aviación-, al IAP 437, un regimiento masculino que se encontraba luchando en la horrible carnicería que fue la batalla de Stalingrado. Tres días después, cuando realizaba su segunda misión, derribó sus dos primeros aviones: el primero, un bombardero Junkers Ju 88, fue abatido en colaboración con el comandante del regimiento, el mayor Danilov; pero, minutos más tarde, Lidiya realizaría una proeza que nadie esperaba: en solitario, derribó un caza Messerschmitt Bf 109 que, para más <em>inri</em>, estaba pilotado por un as de la aviación alemana: el sargento Erwin Maier, con 11 victorias a su cuenta y tres veces condecorado con la Cruz de Hierro. Tras saltar en paracaídas, Maier fue capturado por los soviéticos y, cuando pidió ver al piloto que le había derribado, pensó que los rusos le estaban gastando una broma desagradable. No fue hasta que Lidiya le describió paso a paso la lucha que habían mantenido, que Maier tuvo que reconocer con amargura que había sido derribado por una mujer. En sólo tres días, Lidiya Litvyak se había convertido en la primera mujer de la historia militar que derribaba un avión enemigo.</p>
<p><span id="more-97"></span></p>
<p><strong>LOS MESES DE GLORIA</strong></p>
<p>Dos semanas después del derribo del sargento Maier, la joven piloto de 21 años sumaba su tercera victoria al derribar otro Ju88 en solitario, y de nuevo un Me109 junto a su compañera Raisa Belyayeva. Sus superiores militares no pudieron seguir ignorándola, pues por toda Rusia corría ya la leyenda de <em>la Rosa Blanca de Stalingrado</em>, llamada así por la flor blanca que había pintado como distintivo en el fuselaje de su avión -y que era en realidad un lirio, en alusión al nombre con que era conocida popularmente, Lilya (ruso: Лилия)-. A finales de año, Lidiya fue trasladada por fin a una unidad de élite, el 9º Regimiento de Cazas de la Guardia; allí permaneció poco tiempo, pues sería trasladada, junto a Katya Budanova, a la IAP 296 (luego reagrupada en el 73º Regimiento de Combate). El 11 de febrero de 1943, apenas nueve días después de la victoria final en Stalingrado, Lidiya derribó dos aviones más: un Junkers Ju 87 Stuka, en solitario, y un Focke-Wulf Fw 190, junto a Alexei Solomatin; con ellos, completaba los cinco derribos que la convertían en as de la aviación.</p>
<div id="attachment_99" class="wp-caption aligncenter" style="width: 402px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/litvjaktf7.jpg"><img class="size-full wp-image-99" title="litvjaktf7" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/litvjaktf7.jpg?w=470" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">Lidiya y su Yak-1</p></div>
<p>Doce días después, el 23 de febrero, Lidiya fue condecorada con la Orden de la Estrella Roja y ascendida al rango de subteniente. Al mismo tiempo, entró en un grupo táctico de élite conocido como <em>okhotniki</em> o “cazadores por libre”, que permitía a pilotos excepcionales realizar misiones por libre a iniciativa propia. Un mes más tarde fue herida por primera vez, viéndose obligada a realizar un aterrizaje de emergencia y siendo hospitalizada durante un mes y medio. A su regreso al frente, el 5 de mayo, derribaría dos cazas Me109 más.</p>
<p>Sin embargo, un duro golpe aguardaba a la joven: el 21 de mayo, mientras entrenaba a un piloto novato, el capitán Alexei Solomatin se mató ante los ojos de todo el regimiento. Lidiya quedó destrozada por la muerte del que había sido su gran amor -hay quien dice que se habían casado a principios de ese mismo año, aunque es un dato no comprobado-, y decidió volcar toda su furia en misiones de combate. Desde ese momento, el único objetivo de su vida sería derribar un enemigo tras otro, sin importarle el peligro. Diez días después de la muerte de Solomatin, Lidiya se presentó voluntaria para derribar un globo de observación artillera alemán que ya había rechazado a varios de sus compañeros con un potente fuego antiaéreo. En un primer intento, también Lidiya tuvo que desistir, ya que las barreras eran prácticamente infranqueables; sin embargo, pronto trazó un plan diferente: atacar el globo desde atrás, trazando un amplio círculo por encima de las líneas enemigas y atravesándolas por un punto ciego de la defensa nazi. Después, se acercó al globo desde la dirección del sol, con lo que pudo sorprender a los alemanes, que no esperaban que nadie se acercase desde ese punto. Huelga decir que la misión fue un éxito y el globo fue derribado. La leyenda de Lidiya Litvyak se agrandaba, y ya era uno de los personajes favoritos de la prensa propagandística soviética.</p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/lidiya.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-107" title="lidiya" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/10/lidiya.jpg?w=470" alt=""   /></a></p>
<p>El 13 de junio de 1943, Lidiya fue ascendida a comandante del 3er escuadrón del regimiento, aunque sería herida de nuevo, esta vez de poca gravedad, el 16 de julio. Ese mismo día, había derribado un Messerschmitt que, según algunos, llevaba pintado en el fuselaje un as de picas, símbolo de que era pilotado por un as de la aviación nazi. Tal circunstancia no está confirmada. Lo que sí se sabe es que tres días después, el 19 de julio, estaba volando de nuevo, y para finales de mes había derribado tres Messerschmitt más.</p>
<p><strong>LA ÚLTIMA MISIÓN</strong></p>
<p>El 1 de agosto de 1943, Lidiya y su escuadrón se encontraban en el frente de la batalla de Kursk (sur de Rusia). Aquel día, la joven piloto había salido ya en tres ocasiones, pero decidió realizar una cuarta salida escoltando un grupo de Ilyushin Il-2 Sturmovik; en un momento determinado, varios Messerschmitt les atacaron por sorpresa y el avión de Lidiya fue alcanzado por fuego alemán. Sus compañeros la vieron caer envuelta en humo pero, cuando descendieron para tratar de encontrarla, no encontraron paracaídas, ni fuego, ni restos del avión. Sin embargo, Lidiya nunca regresó; en una amarga ironía del destino, la sospecha de que podía haber sido hecha prisionera por los alemanes -lo que convertía a cualquiera en traidor a la patria- bloqueó su nombramiento como Héroe (Heroína, en este caso) de la Unión Soviética.</p>
<p><strong>RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA DE LIDIYA LITVYAK</strong></p>
<p>La mecánica de Lidiya, Inna Pastportnikova, no quiso que la memoria de la piloto fuese manchada por la sospecha de la traición, y se embarcó en una larga búsqueda de los restos de la joven que le llevaría 36 años. Acompañada por familiares y amigos de Lidiya, Inna peinó la zona donde ésta había sido derribada, hallando restos de casi un centenar de derribos de aviones, pero ninguna pista de la piloto. Finalmente, en 1979 les llegó la noticia de que el cadáver de una aviadora había sido enterrado en una fosa común en la localidad de Dmitrievka (actual Ucrania), diez años atrás, tras ser encontrada junto a los restos de su avión por unos niños. Los restos fueron exhumados y analizados por una comisión forense, que determinó que, efectivamente, aquella era Lidiya Litvyak, y que había muerto debido a una herida en la cabeza.</p>
<p>El círculo no se cerraría hasta once años más tarde, el 6 de mayo de 1990. Un año y medio antes de la disolución definitiva de la Unión Soviética, su presidente, Mikhail Gorbachov, concedió finalmente a Lidiya el estatus de Héroe de la Unión Soviética; al mismo tiempo, fue nombrada teniente a título póstumo y se le dedicó una calle en Moscú y un monumento en Krasnyi Luch (sudeste de Ucrania), además de un museo en la capital rusa. Su nombre aparece en el Libro Guinness de los Récords como la mujer con más derribos consiguidos en la historia de la aviación: 12 en solitario, más el derribo del globo de reconocimiento, además de cuatro derribos más compartidos con otros compañeros.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Bergström, Christer, <em>Barbarossa. The Air Battle: July-December 1941</em>, Classic Publications, Sittingbourne, 2007</li>
</ul>
<ul>
<li>Goodpaster-Strebe, Amy, <em>Flying for Her Country: the American and Soviet women military pilots of World War II</em>, Greenwood Publishing Group, Santa Barbara, 2007</li>
</ul>
<ul>
<li>Sakaida, Henry, <em>Heroines of the Soviet Union 1941-45</em>, Osprey Publishing, Oxford, 2003</li>
</ul>
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		<title>Erzsébet Báthory</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 12:50:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edad Moderna]]></category>

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		<description><![CDATA[No todas las mujeres que pasan por estas líneas fueron beneficiosas para la humanidad, ni pasaron a la historia por sus altos logros. Nuestra protagonista de hoy es uno de los personajes más siniestros y terribles de toda la historia de la humanidad. En menos de diez años, derramó más sangre y causó más sufrimiento [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=85&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/erzsebet-bathory02.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-89" title="Erzsébet Báthory02" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/erzsebet-bathory02.jpg?w=470" alt=""   /></a>No todas las mujeres que pasan por estas líneas fueron beneficiosas para la humanidad, ni pasaron a la historia por sus altos logros. Nuestra protagonista de hoy es uno de los personajes más siniestros y terribles de toda la historia de la humanidad. En menos de diez años, derramó más sangre y causó más sufrimiento a su alrededor que muchos de los grandes guerreros de los que fue coetánea. Es la vampira, la <em>Alimaña de Csejthe</em>: la condesa Erzsébet Báthory.</p>
<p><strong>PRIMEROS AÑOS</strong></p>
<p>Erzsébet Báthory de Ecsed vino al mundo el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor (condado de Szabolcs-Szatmár-Bereg), al este de Hungría, en el seno de la más alta nobleza del país. Su padre, György Báthory, se había casado con su prima Anna, hermana a su vez del rey de Polonia, Stefan Báthory. Ambas ramas de la familia descendían de la línea de los voivodas de Transilvania, y llegaron a estar emparentados con los Habsburgo -a través del matrimonio de Segismundo, primo de Erzsébet, con María Cristina de Habsburgo-. Eran, pues, una de las familias más poderosas de Europa en su época; por desgracia, eran también uno de los mayores catálogos de perversiones y enfermedades mentales que se conocen, en buena parte debido a su costumbre de arreglar matrimonios consanguíneos.</p>
<p>Es poco lo que se sabe de la infancia de Erzsébet. Entre los detalles que refieren las crónicas de la época, encontramos que la pequeña recibió una educación del todo excepcional: era capaz de hablar húngaro, latín y alemán, amén de poder escribirlos, en una época en que la mayoría de la nobleza -y no digamos ya el pueblo llano- era completamente analfabeta. Lamentablemente, también sabemos que a los cuatro o cinco años empezó a sufrir las crisis convulsivas y fuertes migrañas (quizá una forma de epilepsia) para las que, años más tarde, hallaría una horrible y sangrienta forma de calmar.</p>
<p>En cualquier caso, a los once años Erzsébet fue prometida en matrimonio al conde Ferencz Nádasdy, mucho mayor que ella. Como mandaban las tradiciones de la época, Erzsébet tuvo que trasladarse al castillo familiar de los Nádasdy para completar su educación a manos de su suegra, Orsolya Nádasdy. Huelga decir que la relación entre ambas fue extremadamente tensa, con la joven Erzsébet haciendo notar a Orsolya la superioridad de rango de su familia a la mínima ocasión.</p>
<p><span id="more-85"></span></p>
<p><strong>VIDA DE CASADA</strong></p>
<p>Erzsébet Báthory y Férencz Nádasdy se casaron el 8 de mayo de 1575 en el palacio de Varannó, en lo que hoy es Eslovaquia, en una de las ceremonias más suntuosas que se recuerdan en la época. Inmediatamente después la pareja se trasladó al castillo de Csejthe, que años más tarde habría de convertirse en el auténtico castillo de los horrores para los habitantes de la zona. De momento, la adolescente Erzsébet tuvo que conformarse con una vida similar a la que había llevado en los años precedentes a su matrimonio: tras la marcha de Ferencz a la guerra, vivía enclaustrada en el castillo junto a Orsolya, a la que no soportaba, y quien le negaba todos los caprichos, incluido peinarse y vestirse acorde con su rango. Cuentan las crónicas que la joven condesa se encerraba en sus habitaciones, donde sus damas la vestían y peinaban de forma suntuosa una y otra vez, deshaciéndolo todo rápidamente en cuanto se acercaba Orsolya.</p>
<p>Ferencz (a quien la historia húngara conoce como <em>el Caballero Negro</em>) estaba casi siempre guerreando, con lo cual habían pocas posibilidades de concebir un heredero; ése era otro de los motivos por los que Orsolya hostigaba constantemente a Erzsébet. De todas formas, cuando tenían oportunidad de estar juntos los dos tortolitos se dedicaban a cosas más interesantes, como intercambiar técnicas de castigo (llámese castigo, llámese tortura) para los sirvientes desobedientes, algo que en realidad no era tan extraño en la época. Así pues, la pareja tardó diez largos años en tener descendencia; irónicamente, a la muerte de Orsolya el matrimonio tuvo cuatro hijos: tres niñas, Anna, Orsolya y Katerina, y un niño, Pál.</p>
<p>El 4 de enero de 1604, Ferencz Nádasdy moría en el campo de batalla, algunos dicen que debido a una herida y otros que de enfermedad. Libre ya de toda atadura moral, Erzsébet dio inicio a un auténtico infierno sobre la tierra.</p>
<p><strong>SEIS AÑOS DE HORROR</strong></p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/erzsebet-bathory.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-90" title="Erzsébet Báthory" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/erzsebet-bathory.jpg?w=239&#038;h=300" alt="" width="239" height="300" /></a>Erzsébet tenía 44 años a la muerte de su marido, una edad a la que ya se la consideraba mayor para la época; sus hijos estaban ya casados y, de pronto, se encontró sola con una inmensa heredad y larguísimas horas de soledad y aburrimiento por delante. Cada vez más obsesionada con el paso del tiempo y la pérdida de la belleza, empezó a buscar desesperadamente medios con los que prolongar su atractivo físico.</p>
<p>Hay varias versiones de cómo cruzó por su mente la terrible idea de utilizar la sangre de jóvenes vírgenes como tratamiento antiedad. La leyenda nos dice que, un buen día, mientras una de sus doncellas la peinaba, le dio un tirón sin querer; enfurecida, Erzsébet abofeteó con saña a la pobre muchacha, haciéndola sangrar. La sangre habría salpicado las manos de la condesa quien, repentinamente, creyó ver que éstas se volvían más tersas. La infortunada sirvienta fue desangrada inmediatamente, iniciando así la larga serie de víctimas de Erzsébet. Lo más probable, no obstante, es que se decidiese a cometer sus salvajes crímenes instigadas por una serie de personajes tan siniestros como ella, o puede que más; la primera fue Anna Darvulia, una vieja bruja que vivía en los bosques rodeada de gatos, y a la que Erzsébet llevó a su castillo para que la aconsejara y le hiciera compañía. La Darvulia fue quien le aconsejó utilizar la sangre de muchachas vírgenes para rejuvenecer su piel, aunque la avisó de que jamás matase a chicas nobles, pues se arriesgaba a llamar demasiado la atención. Así pues, Erzsébet empezó a hacerse traer a muchachas de todos los rincones de su feudo, con la promesa de comida, un buen trabajo y resguardo del frío, las enfermedades y la guerra al servicio de una gran dama de la nobleza.</p>
<p>El destino que las aguardaba era, claro, bastante más oscuro. Al principio, las jóvenes eran directamente desangradas para que la condesa pudiese tomar sus particulares baños revitalizantes. Al poco, no obstante, Erzsébet fue refinando sus métodos y, al tiempo que se servía de su sangre, se divertía aplicando sofisticados sistemas de tortura a sus desgraciadas víctimas. La más conocida, por supuesto, fue la célebre doncella de hierro, un sarcófago tapizado de clavos afilados que perforaban los órganos vitales; sin embargo, esto proporcionaba una muerte relativamente rápida, con lo cual Erzsébet ideó mejores sistemas para alargar el sufrimiento de las chicas. El más temido y sádico, sin duda, era una jaula similar a una doncella de hierro, pero que permitía propinar latigazos a la víctima; esto, unido al tamaño del artefacto, que impedía estar ni sentado ni de pie, sino que obligaba a permanecer en cuclillas, lo convertía en un eficaz método, una vez elevado mediante poleas, para “ducharse” con la sangre que brotaba de las heridas de las jóvenes.</p>
<p>Y es que la condesa fue sumamente imaginativa a la hora de idear nuevos métodos para martirizar a las chicas a su servicio, ya antes de matarlas. A los latigazos, pellizcos e incluso mordiscos (hay quien dice que llegó a arrancar trozos de carne de una chica con los dientes), se unían cosas más refinadas, como las ya tradicionales agujas debajo de las uñas, arrojar llaves al rojo vivo a las manos o coserles la boca para que no hablasen. La tortura más <em>divertida</em> (al menos para Erzsébet y sus compinches), no obstante, tenía un par de variantes, dependiendo si era verano o invierno: en el primer caso, se untaba a la desdichada con miel y se la ataba a un árbol, dejándola como pasto para fieras (en el mejor de los casos) o insectos (en el peor); en el segundo caso, se la sacaba desnuda al patio, en medio de la nieve, y le arrojaban cubo tras cubo de agua helada hasta que la pobre muchacha terminaba convertida, literalmente, en un trozo de hielo.</p>
<p>Como era de esperar, acabaron por surgir los rumores de qué caray pasaba en el castillo de la condesa Báthory. Docenas de muchachas de las que nunca más se supo, unidas a los entierros colectivos que más de una vez hubo de realizar el pastor protestante local -según Erzsébet, debido a epidemias-, hicieron correr la voz de que algo terrible estaba sucediendo. Así pues, la condesa empezó a tener cada vez más dificultades para encontrar chicas a las que llevarse con promesas; más o menos en esa época murió Anna Darvulia, y Erzsébet la sustituyó por Dorottya Szentes, más conocida como <em>Dorkó</em>, quien, al contrario de su precavida predecesora, animó a su señora a utilizar la sangre de muchachas de la baja nobleza local. Fue el error definitivo.</p>
<p>A las muchas quejas de los aldeanos de los alrededores se sumaron ahora las de los nobles menores de la zona, y eso sí que hizo reaccionar a las autoridades. El caso llegó hasta el mismísimo rey Matías II, quien en 1610 decidió tomar cartas en el asunto y envió a investigar a Csejthe a una delegación encabezada por György Thurzó, palatino de Hungría y primo de Erzsébet. Aunque es cierto que Thurzó era un notable enemigo político de la condesa (lo que luego se ha esgrimido para argumentar que Erzsébet fue víctima de un complot político y económico&#8230; que también es el caso), la verdad es que no tuvieron demasiados problemas para encontrar elementos incriminatorios contra ella: desde diversas muchachas agonizantes y en distintos estados de desangrado, a cientos de cadáveres y elementos de tortura como látigos, potros y los anteriormente citados. Por si eso fuera poco, parece ser (aunque este es un extremo que nunca ha sido probado) que la propia Erzsébet fue sorprendida, en compañía de sus acólitos, mientras torturaba a una joven.</p>
<p><strong>ARRESTO, CONDENA Y MUERTE</strong></p>
<p>Erzsébet y sus compinches fueron inmediatamente arrestados, pero, como podéis imaginar, no recibieron el mismo tipo de trato. Dorottya Szentes, junto a otros colaboradores de la condesa como Jó Ilona (antigua nodriza de Erzsébet) y el enano János Ujváry, conocido como <em>Ficzkó</em>, fueron sometidos a juicio sumarísimo y condenados a la hoguera por asesinato, brujería y cooperación. Hay que añadir que, antes de quemarlos vivos, les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo <em>“por haber derramado sangre de cristianos”</em>.</p>
<p>El destino de Erzsébet fue notablemente diferente, aunque no por ello mucho mejor. Al ser de la alta nobleza la ley impedía que fuese siquiera juzgada, así que hubo de ser el propio rey quien dictase la sentencia: la condesa fue sentenciada a ser emparedada viva en su habitación, dejando tan sólo un pequeño resquicio para pasar comida y agua. También se confiscaron todas sus propiedades, lo que sin duda sí hay que achacar a una conjura política. Matías II ambicionaba desde hacía tiempo los territorios de los Nádasdy, al igual que Thurzó, con quien se repartió la inmensa heredad feudal de la familia Báthory-Nádasdy; para evitar posibles futuras reclamaciones, Matías II acusó de traición a los hijos de Erzsébet por el apoyo de su madre a la guerra de su hermano, Gábor Báthory, voivoda de Transilvania, contra los alemanes. Perseguidos, encarcelados e incluso torturados, los Báthory-Nádasdy terminaron huyendo a Polonia.</p>
<p>Erzsébet sobrevivió nada menos que cuatro años a su encierro, en la más absoluta oscuridad y convertida ya en una leyenda. El 21 de agosto de 1614, tras varios días en los que no había retirado la comida, la pared que la aislaba del mundo fue derribada y la encontraron muerta en el suelo. Se la quiso enterrar en la iglesia de Csejthe pero, lógicamente, los habitantes de la zona se negaron en redondo, considerándolo <em>&#8220;una aberración&#8221;</em>; la <em>Alimaña de Csejthe</em>, como ya era conocida, fue finalmente enterrada en el pueblo de Ecsed, de donde procedía su padre. Andando el tiempo, se convertiría en inspiración, junto a su pariente lejano Vlad III <em>Draculea</em>, para que un escritor irlandés construyera la mejor novela de vampiros jamás escrita: <em>“Drácula”</em>.</p>
<p>Podemos encontrar las huellas de Erzsébet y sus crímenes (37 probados, casi 650 intuidos) en cientos de libros, películas e incluso videojuegos, siendo los más notables el ya mencionado <em>&#8220;Drácula&#8221;</em> y, por supuesto, <em>&#8220;Carmilla&#8221;</em>, de Joseph Sheridan Le Fanu. Hoy, el castillo de Csejthe es una ruina tétrica que nos hace evocar los horribles sucesos que allí acontecieron; seguramente, Erzsébet ejerce de magnífico fantasma entre sus piedras.</p>
<div id="attachment_91" class="wp-caption aligncenter" style="width: 480px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/csejthe.jpg"><img class="size-full wp-image-91" title="Csejthe" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/csejthe.jpg?w=470&#038;h=313" alt="" width="470" height="313" /></a><p class="wp-caption-text">El castillo de Csejthe, la guarida de la bestia...</p></div>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Craft, Kimberly L., <em>Infamous Lady: The True Story of Countess Erzsébet Báthory</em>, CreateSpace, 2009</li>
</ul>
<ul>
<li>Penrose, Valentine, <em>The Bloody Countess</em>, Solar Books, Washington, 2006</li>
</ul>
<ul>
<li>Thorne, Tony, <em>Countess Dracula</em>, Bloomsbury, London, 1998</li>
</ul>
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		<title>Teresa Cabarrús</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 11:50:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Siglo XVIII]]></category>

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		<description><![CDATA[La Revolución Francesa es un período imprescindible en la Historia. Lo que aconteció en el país galo entre 1789 y 1799 marcó nuestro devenir como seres humanos, y supuso la entrada definitiva del mundo occidental en la modernidad y el abandono de las ideas medievales. Muchos son los nombres que destacaron en esos años: Robespierre, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=63&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/teresita-tallien.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-64" title="teresita-tallien" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/teresita-tallien.jpg?w=470" alt=""   /></a>La Revolución Francesa es un período imprescindible en la Historia. Lo que aconteció en el país galo entre 1789 y 1799 marcó nuestro devenir como seres humanos, y supuso la entrada definitiva del mundo occidental en la modernidad y el abandono de las ideas medievales. Muchos son los nombres que destacaron en esos años: Robespierre, Danton, Marat, Napoleón, Luis XVI&#8230; Sin embargo, las mujeres han sido muchas veces obviadas de tan destacado evento, y las pocas de que se tiene noticia suelen salir muy mal paradas, empezando por la reina María Antonieta y terminando por la revolucionaria Charlotte Corday, de las que hablaremos próximamente. La mayoría fueron guillotinadas y, de aquellas que no lo fueron, sólo unas pocas han conseguido ser recordadas por méritos propios. Nuestra protagonista de hoy es una de esas mujeres a las que la Historia ha querido -aunque no siempre ha podido- olvidar: cortesana, instigadora política, amante de algunos de los hombres más poderosos de su época e integrante del grupo de las <em>merveilleuses</em> en el que también se integraron Josefina Bonaparte o Madame Récamier; pero sobre todo recordada por ser la que precipitó la caída de Robespierre y el fin del Terror. Su nombre: Teresa Cabarrús, más conocida por los franceses como Madame Tallien y por sus contemporáneos como <em>Nuestra Señora de Thermidor</em>.</p>
<p><strong>ORÍGENES</strong></p>
<p>Juana María Ignacia Teresa Cabarrús y Galabert vino al mundo en Carabanchel Alto, Madrid (zona hoy conocida como el barrio de Buenavista), el 31 de julio de 1773. Fue la única hija de Francisco Cabarrús, financiero de origen francés que llegaría a ser Ministro de Finanzas bajo el reinado de José I Bonaparte, y de su esposa, la aragonesa Antonia Galabert. La pequeña Teresa fue criada por nodrizas y monjas, ya que su padre estaba muy ocupado en sus negocios, entre otros fundar el Banco de San Carlos, germen de lo que terminaría siendo el actual Banco de España, en 1782. Su madre, por su parte, se dedicaba a socializar con otras damas de la alta sociedad española de la época, con lo que tenía poco tiempo para dedicar a su hija. Posiblemente, su trasiego de un convento a otro en esa época sería el origen de su futura aversión a todo cuanto tuviera que ver con la religión.</p>
<p>En 1785, durante un breve regreso al hogar, Teresa fue pretendida por uno de los hermanos de su madre, lo que supuso un verdadero escándalo en el seno familiar; eso, unido a los numerosos galanes que rondaban a la joven, decidió a Francisco Cabarrús a enviar a su hija a París, oficialmente para &#8220;completar su educación&#8221;. La verdadera razón, claro, era alejarla de toda esa serie de admiradores españoles poco recomendables y buscarle un buen partido en el país vecino. Acompañada por su madre (que imagino no quería perderse el <em>glamour</em> parisino), Teresa Cabarrús aterrizaba en la Ciudad Luz a principios del verano de 1785; tenía sólo 12 años y estaba a punto de iniciar el periplo que la situaría en el ojo del huracán revolucionario.</p>
<p><span id="more-63"></span><strong>PARÍS</strong></p>
<p>En la capital francesa, relativamente libre de las ataduras familiares, Teresa dio inicio a su <em>vida loca</em> de fiestas, lujo y amores tormentosos. El primero de la lista, al que conoció apenas año y medio después de llegar a París, fue Alexandre de Laborde, hijo del marqués Jean-Joseph de Laborde, con quien al parecer quiso casarse; pero el marqués consideraba la unión con Teresa una <em>mésalliance</em> (un matrimonio desigual, por la más baja cuna de los Cabarrús), y envió a Alexandre a Viena, donde se integraría en el ejército del emperador José II, a la sazón hermano de la reina María Antonieta. La adolescente quedó muy deprimida por lo sucedido y, para sacarla de su tristeza, su padre resolvió casarla; el elegido fue Jean-Jacques Devin de Fontenay, el último de los marqueses de Fontenay, miembro del Parlamento de París. El 21 de febrero de 1788, la pareja se casaba; Jean-Jacques tenía 26 años, y Teresa tan sólo 14.</p>
<p><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/0010645.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-75" title="0010645" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/0010645.jpg?w=150&#038;h=111" alt="" width="150" height="111" /></a>El matrimonio Fontenay estaba abocado al fracaso desde el principio. A pesar de haberla convertido en marquesa, llevándola hasta la corte de Versalles, Teresa consideraba a Jean-Jacques un simple, bruto y cobarde, y decidió convertir su matrimonio en una mera tapadera para sus aventuras. El 2 de mayo de 1789, más o menos en la misma época en que se integró en la masonería a través de la <em>Logia Olímpica</em>, dio a luz a su primer hijo, Devin Théodore de Fontenay, reconocido como hijo del marqués. En realidad, el padre del niño era posiblemente Felix le Peletier de Saint-Fargeau, uno de los numerosos amantes de Teresa.</p>
<p><strong>ESTALLA LA REVOLUCIÓN</strong></p>
<p>Para entonces ya hacía tiempo que Teresa se interesaba por los principios del liberalismo, y que simpatizaba con algunos de los que serían protagonistas de la revolución. El 14 de julio de 1789, el pueblo parisino asaltó la prisión de la Bastilla, dando el pistoletazo de salida &#8220;oficial&#8221; a la Revolución Francesa; el marqués de Fontenay probó a su esposa que realmente era un cobarde y huyó, dejando a Teresa atrás. Ésta, ya cansada, solicitó el divorcio al tiempo que se refugiaba en la más tranquila ciudad de Burdeos.</p>
<p>En la ciudad del Garona, Teresa pareció encontrar una paz relativa que, como podéis imaginar, no duró demasiado. El divorcio le fue concedido en 1791, pero, para su desgracia, en esa época había llegado ya al poder uno de los personajes más siniestros de la Historia: Maximilien Robespierre. El <em>Incorruptible</em> había empezado ya su política de matón que devendría en el Terror, y estaba guillotinando aristócratas como quien parte sandías; pronto, el Comité de Salud Pública se fijó en Teresa Cabarrús, ex esposa de un <em>émigré</em> (como se llamaba a los aristócratas huidos), y la joven de 18 años fue a dar con sus huesos a prisión, tan sólo a la espera de turno para pasar por la guillotina.</p>
<p><strong>TALLIEN</strong></p>
<div id="attachment_77" class="wp-caption alignright" style="width: 223px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/tallien.jpg"><img class="size-medium wp-image-77" title="Jean Lambert Tallien" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/tallien.jpg?w=213&#038;h=300" alt="" width="213" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Jean-Lambert Tallien</p></div>
<p>Por fortuna para Teresa, unos meses antes de su encarcelamiento había conocido a uno de los comisarios de la Convención Nacional, un joven de 24 años llamado Jean-Lambert Tallien, enviado por Robespierre a Burdeos para ejercer el Terror, puesto que era uno de los más sanguinarios miembros del partido jacobino (se refería a la guillotina como <em>la santa guillotina</em>). A pesar de su rabioso jacobinismo, Tallien se enamoró de Teresa y, cuando descubrió que había sido condenada a muerte, no perdió un segundo en rescatarla de la prisión, tras lo cual se convirtieron en amantes.</p>
<p>Puede parecer que la historia de Teresa y Tallien es muy romántica, pero nada más lejos de la realidad. Es dudoso que Teresa amase jamás a Tallien, y lo más probable es que aceptase convertirse en su amante para salvar el cuello. Lo que sí es cierto, es que gracias a ella, Tallien moderó notablemente sus ansias asesinas, y las ejecuciones descendieron de forma sustancial en Burdeos. Ello llevó a un aumento de la popularidad de Tallien quien, el 24 de marzo de 1794, sería nombrado presidente de la Convención, mientras Robespierre rechinaba los dientes ante su nuevo enemigo político.</p>
<div id="attachment_81" class="wp-caption alignleft" style="width: 122px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/andrea-appiani-josefina-bonaparte.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-81" title="Andrea Appiani - Josefina Bonaparte" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/andrea-appiani-josefina-bonaparte.jpg?w=112&#038;h=150" alt="" width="112" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Rose Tascher, luego Josefina Bonaparte</p></div>
<p>El <em>Incorruptible</em> empezó a elaborar una lista de nuevos enemigos a quienes eliminar, basándose en su &#8220;comportamiento realista&#8221; (en alusión a los partidarios de la familia real); entre ellos, claro, estaba Tallien, quien fue llamado a París para presentarse ante el tribunal. Tan pronto como Tallien salió de Burdeos, Teresa fue arrestada de nuevo y llevada a la prisión de La Force, donde un par de años antes había sido linchada la princesa de Lamballe (su cabeza fue clavada en una pica y paseada ante la ventana de la celda de María Antonieta). De allí saltó a la prisión de Carmes, donde conocería a una criolla llamada Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie, condenada como ella a la guillotina, con la que trabó una buena amistad.</p>
<p>Viendo que su fin estaba próximo, Teresa envió una carta desesperada a Tallien, donde le reprochaba su cobardía por no haber intentado rescatarla. Junto a una daga, Teresa incluyó una nota que decía: <em>&#8220;Muero desesperada por haber pertenecido a un cobarde como tú&#8221;</em>. Funcionó. 24 horas después de la carta de Teresa Cabarrús, se ponía en marcha lo que la Historia ha dado en llamar la Reacción Thermidoriana.</p>
<p><strong>LA REACCIÓN THERMIDORIANA Y EL FIN DEL TERROR</strong></p>
<div id="attachment_78" class="wp-caption alignleft" style="width: 125px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/robespierre.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-78" title="robespierre" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/robespierre.jpg?w=115&#038;h=150" alt="" width="115" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Maximilien Robespierre</p></div>
<p>El 27 de julio de 1794 (o 9 de Thermidor del año II, según el calendario revolucionario), Saint-Just, otro miembro de la camarilla de Robespierre, estaba dando un discurso en el Comité de Salud Pública cuando fue interrumpido por Tallien, quien procedió a denunciar públicamente la tiranía del <em>Incorruptible</em>. La sala se enzarzó en una monumental diatriba entre partidarios y opositores de Robespierre, hasta que el hombre en persona salió en defensa de Saint-Just; fue una mala decisión. Los gritos de <em>&#8220;¡Abajo el tirano!&#8221;</em> se extendieron por toda la sala y, aunque Robespierre solicitó la ayuda de sus socios de la derecha, éstos no movieron un dedo.</p>
<p>La pandilla de matones de Robespierre hizo lo que mejor se les daba: llamar al ejército. Pero la Convención también tenía a sus propios soldados que, bajo las órdenes de Paul Barras, salieron a las calles e hicieron retroceder a las tropas jacobinas hasta el Hôtel de Ville, el ayuntamiento de París. Allí se encontraban también Robespierre y los suyos quienes, tras varias horas de asedio, decidieron suicidarse para evitar pasar por la guillotina; en eso algunos tuvieron más suerte que otros, pero baste decir que apenas un par de ellos consiguieron quitarse la vida antes de ser encontrados por las tropas de Barras. A Robespierre le pegaron un tiro en la cara (o se lo pegó, no está claro), arrancándole la mandíbula, aunque ello no fue obstáculo para que fuera ejecutado junto a 21 de sus hombres, al día siguiente.</p>
<p>Ese mismo día, Teresa fue liberada y Tallien ascendió al Comité de Salud Pública, eliminando de un plumazo a los partidarios que quedaban de Robespierre, permitiendo la libertad religiosa y suprimiendo el Tribunal Revolucionario que tantas vidas había costado. Y quien había dado el empujón a Tallien para hacerlo había sido Teresa que, a partir de entonces, fue conocida por los franceses como <em>Notre-Dame de Thermidor</em>. La pareja se casó el 26 de diciembre de 1794 y tuvieron una hija, a quien pusieron por nombre, cómo no, Thermidor.</p>
<p><strong>DE MADAME TALLIEN A PRINCESA DE CHIMAY</strong></p>
<div id="attachment_79" class="wp-caption alignright" style="width: 137px"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/509px-paul_barras.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-79" title="509px-Paul_barras" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/09/509px-paul_barras.jpg?w=127&#038;h=150" alt="" width="127" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Paul Barras</p></div>
<p>Tras los sucesos de Thermidor, Teresa inició de nuevo su agitada vida social. Su salón (a imitación de otros como los de Madame Récamier o Madame de Staël) fue célebre en su época, y en él se creó el estilo <em>Neo-Grec</em>, tan de moda entre las mujeres del momento; entre otras, su amiga Rose, ahora llamada Josefina de Beauharnais y casada con el general Napoleón Bonaparte. Mientras esto sucedía, Tallien iba perdiendo cada vez más poder: la Convención Thermidoriana finalizó en 1795, para ser sustituída por el Directorio, en el que Tallien no tenía lugar; sí lo tenía en cambio Paul Barras, con quien Teresa inició una relación, no se sabe muy bien si antes o después de haberse divorciado de Tallien, lo que sucedió en 1802, cuando Napoleón ya había finiquitado el Directorio y se preparaba, desde su puesto de Primer Cónsul, para proclamarse Emperador. Después vinieron otros, como Gabriel Ouvrard, con quien tendría cuatro hijos, y, finalmente, en 1805, se casaría por tercera vez con François de Riquet, conde de Caraman y príncipe de Chimay. Con él se retiró a sus tierras (situadas en lo que es hoy Bélgica) y regresó a una vida tranquila, alejada de las tumultuosas calles de París que aún habrían de ver el auge y caída de Napoleón, la restauración de la monarquía borbónica y la revolución de 1830; no sabemos si supo de la muerte de Tallien en París en 1820, que falleció de lepra en la más absoluta miseria. En cualquier caso, ella vivió en una oscuridad autoimpuesta, después de ser una de las mujeres más famosas de Europa, hasta que falleció el 15 de enero de 1835, habiendo sobrevivido a todos aquellos que la acompañaron en aquel momento difícil y sangriento, pero también apasionante, de la Historia europea.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Díaz-Plaja, Fernando, <em>Teresa Cabarrús, una española en la Revolución Francesa</em>, Sílex, Madrid, 1988</li>
</ul>
<ul>
<li>Gilles, Christian, <em>Madame Tallien, la Reine du Directoire</em>, Atlantica, Paris, 1999</li>
</ul>
<ul>
<li>Jumièges, Jean-Claude, <em>Madame Tallien, ou une femme dans la tourmente révolutionnaire</em>, Editions Rencontre, Paris, 1965</li>
</ul>
<ul>
<li>Tulard, Jean, <em>Les Thermidoriens</em>, Fayard, Paris, 2005</li>
</ul>
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		<title>Boudicca</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 17:54:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>wurtz3l</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antigüedad]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio Romano]]></category>

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		<description><![CDATA[Los británicos son, como buen pueblo isleño, extremadamente celosos de su independencia. También han sido, en general, muy hostiles a todo cuanto viniese de fuera, lo que les ha convertido en un pueblo harto difícil de conquistar; de hecho, desde la invasión normanda de Guillermo el Conquistador, las Islas Británicas no han vuelto a caer [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=historiaenfemenino.wordpress.com&amp;blog=12808875&amp;post=55&amp;subd=historiaenfemenino&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/boudicca.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-58" title="Boudicca" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/boudicca.jpg?w=470" alt=""   /></a>Los británicos son, como buen pueblo isleño, extremadamente celosos de su independencia. También han sido, en general, muy hostiles a todo cuanto viniese de fuera, lo que les ha convertido en un pueblo harto difícil de conquistar; de hecho, desde la invasión normanda de Guillermo el Conquistador, las Islas Británicas no han vuelto a caer en manos extranjeras, y de eso hace cerca de mil años.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Antes de que las tropas del duque de Normandía pusiesen pie en tierras inglesas, la isla había sufrido incursiones por parte de los sajones, y antes, de los vikingos daneses y noruegos. Si andamos aún más atrás en el tiempo, nos encontramos con que Inglaterra fue, durante casi cinco siglos, una de las fronteras más remotas del todopoderoso Imperio Romano. Es en esta época donde nos encontramos a nuestra protagonista de hoy, una reina guerrera que se enfrentó al loco, al tirano Nerón. Su nombre: Boudicca.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>PRIMEROS AÑOS E INTERVENCIÓN ROMANA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Es poco lo que sabemos de Boudicca antes de su explosiva entrada en la Historia. Nació alrededor de 30 d.C., muy posiblemente en una familia de la nobleza icena. Los icenos eran una tribu celta que se movía en la zona de East Anglia, más o menos en los actuales condados de Norfolk y Suffolk. A los 15 años, aproximadamente, se casó con Prasutago, rey de la tribu, con quien tuvo dos hijas.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Prasutago era un rey cliente de Roma, lo que viene a querer decir que, a cambio de ciertos beneficios (entre los que se incluía una relativa libertad de movimientos), el pueblo iceno rendía tributo al invasor romano; el acuerdo también incluía la cesión de una parte de los territorios de la tribu a la muerte del rey.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span id="more-55"></span></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Y es precisamente a la muerte de Prasutago cuando Boudicca entra en la Historia por la puerta grande. El deceso del rey tuvo lugar en el año 60 d.C., cuando nuestra protagonista contaba unos 30 años de edad. En cuanto supieron de la muerte de Prasutago, los romanos se presentaron ante Boudicca y el resto de los nobles icenos, y exigieron no sólo el cumplimiento del trato, sino también hacerse con los territorios que Prasutago había dejado en herencia a sus hijas. Evidentemente, la reina se negó, siendo apoyada por los nobles; la venganza de los romanos sería terrible.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">En efecto, al poco los romanos regresaron, arrasando a sangre y fuego los campos de East Anglia, y pasando a cuchillo a buena parte de la población; a los nobles les esperaba la esclavitud, una táctica habitual de los romanos para someter a las tribus bárbaras rebeldes. Lo peor, no obstante, estaba reservado para Boudicca y su familia: la reina fue azotada públicamente, mientras era obligada a contemplar, horrorizada, cómo la soldadesca romana violaba a sus dos hijas. Humillada, destrozada física y moralmente, y desesperada por la suerte de sus hijas, Boudicca se retiró a sus territorios ancestrales; se preparaba una venganza como los romanos jamás hubiesen podido imaginar.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>ESTALLA LA GUERRA</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Los icenos clamaban venganza por el daño infligido a su pueblo, y Boudicca supo ponerse al frente de su gente para liderarlos en la batalla. Aclamada como líder por su tribu, se unieron a sus vecinos, los trinovantes, y a varias otras tribus locales que habían sufrido el <a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/boudicca-2.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-59" title="boudicca (2)" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/boudicca-2.jpg?w=470" alt=""   /></a>yugo romano. El objetivo: acabar de un plumazo con el invasor. Cuentan los historiadores romanos que, en los días previos al inicio de la guerra, Boudicca celebró un ritual en el que invocó a Andraste, la diosa celta de la victoria; cabe apuntar que Boudicca significa precisamente eso, “victoria”.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Las tropas de Boudicca ya estaban listas para atacar, y el primer objetivo que se fijaron fue Camulodunum, la actual Colchester, antiguo feudo de los trinovantes. Se trataba de una ciudad pobremente defendida y, cuando el ejército celta cayó sobre ella, poco pudieron hacer sus habitantes para defenderse. Camulodunum fue destruida, y sus habitantes pasados a cuchillo; las mujeres, especialmente las matronas romanas ricas, se llevaron la peor parte, en venganza por lo que los soldados romanos habían hecho con su reina y sus hijas. Finalmente, tras saquearla, los celtas demolieron e incendiaron Camulodunum, para que nada que oliese remotamente a romano quedase en pie.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Al contemplar la magnitud del horror provocado por Boudicca y sus hombres, el comandante Quinto Petilio Cerial decidió enfrentarse a los celtas, pues su legión era la más cercana a la posición de los rebeldes. Se trataba de la celebérrima Legión IX <em>Hispana</em>, que debe ser una de las legiones romanas más desafortunadas de la Historia; la marea celta la arrolló sin compasión, pulverizándola en cuestión de horas, y dejando apenas una decena de supervivientes. Cabe recordar que la Novena <em>Hispana</em> es la misma legión que, algo más de medio siglo después, desapareció sin dejar rastro en tierras del norte de Britania, presumiblemente hecha pedazos de nuevo a manos de los pictos y escotos de la salvaje Caledonia, unos años antes de la construcción del Muro de Adriano.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Tras dos aplastantes victorias, los celtas se encontraban más fuertes que nunca, y decidieron dirigirse a por el centro neurálgico de la vida romana en Britania: Londinium, la ciudad que hoy día conocemos como Londres. La ciudad, de reciente fundación, ardió hasta sus cimientos, debiendo ser reconstruida desde cero tras la guerra. La siguiente en la lista fue Verulamium, actualmente St.Albans (Hertfordshire, a 35 km al norte de Londres), que también fue, literalmente, borrada del mapa. En total, se calcula que las tropas de Boudicca acabaron con las vidas de entre 70.000 y 80.000 personas de las tres ciudades; en ningún caso hicieron prisioneros.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>LA BATALLA DE WATLING STREET</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Así las cosas, Nerón decidió enviar a la caza y captura de Boudicca a uno de sus mejores hombres: Cayo Suetonio Paulino, gobernador y <em>magister militum</em> de impecable reputación, que se erigió como la última esperanza de los romanos frente a la horda celta. Paulino, que llegaría a ser cónsul y que aparece en la <em>Historia Natural</em> de Plinio el Viejo como el hombre que descubrió las tribus negras del área del río Niger, era uno de los militares más destacados de su época, pero aún así se las vio y se las deseó para poder enfrentarse a Boudicca. A trancas y a barrancas, Paulino consiguió reunir a la Legión XIV <em>Gemina</em> y a varias unidades de la XX Valeria <em>Victrix</em>, sumando una fuerza de unos 10.000 hombres en total; las tropas de Boudicca sumaban, en las previsiones más optimistas, unos 150.000 hombres (se ha llegado a decir que fueron hasta 230.000).</span></p>
<p><span style="font-size:small;">A pesar de verse desbordado en número por el enemigo, Paulino supo planear muy bien la estrategia de la batalla; el gobernador era consciente de que los hombres de Boudicca estaban mal entrenados y no tenían disciplina de batalla, lo que favorecía la desbandada ante un ataque de las bien entrenadas y estructuradas legiones romanas. Además, escogió como campo de batalla una estrecha garganta que daba a un bosque, mientras que más allá se extendía una enorme planicie; de esa forma, Paulino desbarataba de un plumazo la posibilidad de ser atacados por los flancos, rodeados o emboscados, respectivamente. El lugar elegido, aunque no se sabe con plena seguridad, se emplaza habitualmente en West Midlands, en un tramo de la carretera romana que hoy se conoce como Watling Street. Hoy día, High Cross (Leicestershire), Mancetter (Warwickshire) y Kings Norton (Birmingham) se disputan el honor de haber sido el lugar de la Batalla de Watling Street.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Desde su carro, acompañada por sus hijas, Boudicca arengó a sus hombres, presentándose no como una aristócrata en defensa de sus tierras, sino como una mujer corriente llorando su libertad perdida, su cuerpo castigado y a sus hijas abusadas. Paulino, por su parte, hizo lo propio con sus legionarios recordándoles que no se enfrentaban a soldados profesionales, sino a <em>“simples salvajes con más mujeres que hombres en sus filas”</em>. De nuevo, el carácter machista y soberbio de los romanos saltaba a la palestra.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Por desgracia, si bien la razón estaba de parte de los ultrajados britanos, la táctica y el buen hacer militar lo estaban de parte del invasor romano; así pues, tras varias horas de batalla, había llegado el fin para las tropas britanas: se dice que aquel día cayeron 80.000 guerreros celtas, por sólo 400 soldados romanos. Las familias de los britanos, que habían acudido a contemplar la batalla, fueron asesinadas sin piedad por las legiones de Paulino; hasta los caballos fueron masacrados sin piedad.</span></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>EL FIN</strong></span></p>
<p><span style="font-size:small;">Quiso el destino que Boudicca no estuviese entre los muertos de aquella batalla. La reina pudo escapar del campo de batalla con ayuda de unos pocos fieles, pero sabía que todo estaba perdido; lo siguiente que haría Paulino sería darle caza personalmente, y Boudicca era muy consciente de cuál sería su suerte si era capturada: sería encadenada, llevada a Roma como prisionera de guerra, azotada, violada y ejecutada. La inmensa reina icena no temía a la muerte, pero sí al deshonor que supondría semejante destino, para ella y para su gente. Resolvió, pues, terminar con su vida por su propia mano, y se envenenó junto a sus hijas. Los supervivientes de la batalla dieron a Boudicca la sepultura que merecía quien había sido la más grande reina guerrera de su tiempo. Hoy día, el lugar de la sepultura de Boudicca sigue siendo desconocido; hay quien dice que se encuentra bajo uno de los andenes de la estación de King&#8217;s Cross en Londres, pero se trata de algo sumamente improbable, ya que la capital británica está muy lejos de donde tuvo lugar la batalla final entre celtas y romanos.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Y, aunque Paulino resultó victorioso, en Roma lo sucedido se vio como un enorme desastre; tanto, que Nerón contempló seriamente abandonar Britania, de lo que fue disuadido por varios de sus consejeros, entre ellos el muy estoico Séneca, que tenía en la isla negocios por valor de cuarenta millones de sestercios. Finalmente, Nerón envió a Britania nuevas tropas que siguieron diezmando a la población britana hasta que Cayo Julio Alpino Classiciano, el nuevo procurador provincial de la isla, llegó y puso freno al trato brutal que los romanos reservaban a la población autóctona. Paulino fue relevado de su cargo como gobernador y las cosas mejoraron algo, pero la demoledora derrota de Boudicca y los suyos en Watling Street supuso la última rebelión en la zona sur de la isla hasta el final de la dominación romana de Britania, en 410 d.C.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Durante la Edad Media, la figura de Boudicca cayó en el olvido. Sin embargo, el redescubrimiento de los textos clásicos en el Renacimiento hizo que, a través de Tácito, se recuperase a la fiera reina que había aterrorizado a los romanos. Desde entonces, nadie en Inglaterra ha olvidado a la que ellos llaman “la primera reina Victoria”. Como podéis imaginar, fue precisamente durante la Era Victoriana cuando la figura de Boudicca fue elevada a mito nacional, comparando en numerosas ocasiones a la reina Victoria con su “tocaya”. El Poeta Laureado del reino, lord Alfred Tennyson, escribió uno de sus poemas más famosos en honor a la icena, <em>“Boadicea”</em>, y numerosos barcos fueron bautizados con el nombre de la tremenda reina guerrera.</span></p>
<p><span style="font-size:small;">Pero el más duradero de los homenajes del pueblo inglés a Boudicca llegó en 1905, cuatro años después de la muerte de la reina Victoria. En Westminster, frente al mismísimo Big Ben, se alza una estatua de bronce, pagada por el príncipe Alberto (el idolatrado esposo de Victoria, que murió mucho antes de ver completado el monumento), donde podemos ver a Boudicca junto a sus dos hijas, todas en el célebre carro guerrero de la reina que, para la ocasión, ha sido decorado con guadañas en las ruedas, al estilo persa. En la base de la estatua podemos leer -si los tenderetes para turistas nos lo permiten- unos versos del poema que William Cowper dedicó a la reina en 1782:</span></p>
<p style="text-align:center;">“<span style="font-size:small;"><em>Regions Caesar never knew</em></span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><em>Thy posterity shall sway”</em></span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:small;">(Regiones que el César nunca conoció</span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:small;">Tus herederos dominarán)</span></p>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><a href="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/female-warriors-boudicca-jjensenii-flickr.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-60" title="female-warriors-Boudicca-jjensenii-Flickr" src="http://historiaenfemenino.files.wordpress.com/2010/08/female-warriors-boudicca-jjensenii-flickr.jpg?w=470&#038;h=303" alt="" width="470" height="303" /></a></span></p>
<p><span style="font-size:small;">De ese curioso modo, quien fue el adalid más importante de su época contra el imperialismo antiguo (Roma), se convirtió en el icono del imperialismo moderno (Gran Bretaña), y su estatua, que muchos pasan por alto, o miran curiosos sin saber ante quién se encuentran, se halla junto al símbolo más importante de la ciudad que hizo arder por completo. La Historia, a veces, es así de irónica.</span></p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ul>
<li>Aldhouse-Green, Miranda, <em>Boudica Britannia</em>, Longman, London, 2oo7</li>
</ul>
<ul>
<li>Collingridge, Vanessa, <em>Boudica: The Life and Legends of Britain&#8217;s Warrior Queen</em>, Overlook, New York, 2006</li>
</ul>
<ul>
<li>Fraser, Antonia, <em>The Warrior Queens: Boadicea&#8217;s Chariot</em>, Phoenix Press, London, 2002</li>
</ul>
<ul>
<li>Hingley, R. &amp; Unwin, C., <em>Boudica: Iron Age Warrior Queen</em>, Hambledon Continuum, London, 2006</li>
</ul>
<ul>
<li>Salway, Peter, <em>The Roman Era: The British Isles 55 BC-AD 410</em>, OUP, Oxford, 2oo2</li>
</ul>
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