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No todas las mujeres que pasan por estas líneas fueron beneficiosas para la humanidad, ni pasaron a la historia por sus altos logros. Nuestra protagonista de hoy es uno de los personajes más siniestros y terribles de toda la historia de la humanidad. En menos de diez años, derramó más sangre y causó más sufrimiento a su alrededor que muchos de los grandes guerreros de los que fue coetánea. Es la vampira, la Alimaña de Csejthe: la condesa Erzsébet Báthory.

PRIMEROS AÑOS

Erzsébet Báthory de Ecsed vino al mundo el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor (condado de Szabolcs-Szatmár-Bereg), al este de Hungría, en el seno de la más alta nobleza del país. Su padre, György Báthory, se había casado con su prima Anna, hermana a su vez del rey de Polonia, Stefan Báthory. Ambas ramas de la familia descendían de la línea de los voivodas de Transilvania, y llegaron a estar emparentados con los Habsburgo -a través del matrimonio de Segismundo, primo de Erzsébet, con María Cristina de Habsburgo-. Eran, pues, una de las familias más poderosas de Europa en su época; por desgracia, eran también uno de los mayores catálogos de perversiones y enfermedades mentales que se conocen, en buena parte debido a su costumbre de arreglar matrimonios consanguíneos.

Es poco lo que se sabe de la infancia de Erzsébet. Entre los detalles que refieren las crónicas de la época, encontramos que la pequeña recibió una educación del todo excepcional: era capaz de hablar húngaro, latín y alemán, amén de poder escribirlos, en una época en que la mayoría de la nobleza -y no digamos ya el pueblo llano- era completamente analfabeta. Lamentablemente, también sabemos que a los cuatro o cinco años empezó a sufrir las crisis convulsivas y fuertes migrañas (quizá una forma de epilepsia) para las que, años más tarde, hallaría una horrible y sangrienta forma de calmar.

En cualquier caso, a los once años Erzsébet fue prometida en matrimonio al conde Ferencz Nádasdy, mucho mayor que ella. Como mandaban las tradiciones de la época, Erzsébet tuvo que trasladarse al castillo familiar de los Nádasdy para completar su educación a manos de su suegra, Orsolya Nádasdy. Huelga decir que la relación entre ambas fue extremadamente tensa, con la joven Erzsébet haciendo notar a Orsolya la superioridad de rango de su familia a la mínima ocasión.

VIDA DE CASADA

Erzsébet Báthory y Férencz Nádasdy se casaron el 8 de mayo de 1575 en el palacio de Varannó, en lo que hoy es Eslovaquia, en una de las ceremonias más suntuosas que se recuerdan en la época. Inmediatamente después la pareja se trasladó al castillo de Csejthe, que años más tarde habría de convertirse en el auténtico castillo de los horrores para los habitantes de la zona. De momento, la adolescente Erzsébet tuvo que conformarse con una vida similar a la que había llevado en los años precedentes a su matrimonio: tras la marcha de Ferencz a la guerra, vivía enclaustrada en el castillo junto a Orsolya, a la que no soportaba, y quien le negaba todos los caprichos, incluido peinarse y vestirse acorde con su rango. Cuentan las crónicas que la joven condesa se encerraba en sus habitaciones, donde sus damas la vestían y peinaban de forma suntuosa una y otra vez, deshaciéndolo todo rápidamente en cuanto se acercaba Orsolya.

Ferencz (a quien la historia húngara conoce como el Caballero Negro) estaba casi siempre guerreando, con lo cual habían pocas posibilidades de concebir un heredero; ése era otro de los motivos por los que Orsolya hostigaba constantemente a Erzsébet. De todas formas, cuando tenían oportunidad de estar juntos los dos tortolitos se dedicaban a cosas más interesantes, como intercambiar técnicas de castigo (llámese castigo, llámese tortura) para los sirvientes desobedientes, algo que en realidad no era tan extraño en la época. Así pues, la pareja tardó diez largos años en tener descendencia; irónicamente, a la muerte de Orsolya el matrimonio tuvo cuatro hijos: tres niñas, Anna, Orsolya y Katerina, y un niño, Pál.

El 4 de enero de 1604, Ferencz Nádasdy moría en el campo de batalla, algunos dicen que debido a una herida y otros que de enfermedad. Libre ya de toda atadura moral, Erzsébet dio inicio a un auténtico infierno sobre la tierra.

SEIS AÑOS DE HORROR

Erzsébet tenía 44 años a la muerte de su marido, una edad a la que ya se la consideraba mayor para la época; sus hijos estaban ya casados y, de pronto, se encontró sola con una inmensa heredad y larguísimas horas de soledad y aburrimiento por delante. Cada vez más obsesionada con el paso del tiempo y la pérdida de la belleza, empezó a buscar desesperadamente medios con los que prolongar su atractivo físico.

Hay varias versiones de cómo cruzó por su mente la terrible idea de utilizar la sangre de jóvenes vírgenes como tratamiento antiedad. La leyenda nos dice que, un buen día, mientras una de sus doncellas la peinaba, le dio un tirón sin querer; enfurecida, Erzsébet abofeteó con saña a la pobre muchacha, haciéndola sangrar. La sangre habría salpicado las manos de la condesa quien, repentinamente, creyó ver que éstas se volvían más tersas. La infortunada sirvienta fue desangrada inmediatamente, iniciando así la larga serie de víctimas de Erzsébet. Lo más probable, no obstante, es que se decidiese a cometer sus salvajes crímenes instigadas por una serie de personajes tan siniestros como ella, o puede que más; la primera fue Anna Darvulia, una vieja bruja que vivía en los bosques rodeada de gatos, y a la que Erzsébet llevó a su castillo para que la aconsejara y le hiciera compañía. La Darvulia fue quien le aconsejó utilizar la sangre de muchachas vírgenes para rejuvenecer su piel, aunque la avisó de que jamás matase a chicas nobles, pues se arriesgaba a llamar demasiado la atención. Así pues, Erzsébet empezó a hacerse traer a muchachas de todos los rincones de su feudo, con la promesa de comida, un buen trabajo y resguardo del frío, las enfermedades y la guerra al servicio de una gran dama de la nobleza.

El destino que las aguardaba era, claro, bastante más oscuro. Al principio, las jóvenes eran directamente desangradas para que la condesa pudiese tomar sus particulares baños revitalizantes. Al poco, no obstante, Erzsébet fue refinando sus métodos y, al tiempo que se servía de su sangre, se divertía aplicando sofisticados sistemas de tortura a sus desgraciadas víctimas. La más conocida, por supuesto, fue la célebre doncella de hierro, un sarcófago tapizado de clavos afilados que perforaban los órganos vitales; sin embargo, esto proporcionaba una muerte relativamente rápida, con lo cual Erzsébet ideó mejores sistemas para alargar el sufrimiento de las chicas. El más temido y sádico, sin duda, era una jaula similar a una doncella de hierro, pero que permitía propinar latigazos a la víctima; esto, unido al tamaño del artefacto, que impedía estar ni sentado ni de pie, sino que obligaba a permanecer en cuclillas, lo convertía en un eficaz método, una vez elevado mediante poleas, para “ducharse” con la sangre que brotaba de las heridas de las jóvenes.

Y es que la condesa fue sumamente imaginativa a la hora de idear nuevos métodos para martirizar a las chicas a su servicio, ya antes de matarlas. A los latigazos, pellizcos e incluso mordiscos (hay quien dice que llegó a arrancar trozos de carne de una chica con los dientes), se unían cosas más refinadas, como las ya tradicionales agujas debajo de las uñas, arrojar llaves al rojo vivo a las manos o coserles la boca para que no hablasen. La tortura más divertida (al menos para Erzsébet y sus compinches), no obstante, tenía un par de variantes, dependiendo si era verano o invierno: en el primer caso, se untaba a la desdichada con miel y se la ataba a un árbol, dejándola como pasto para fieras (en el mejor de los casos) o insectos (en el peor); en el segundo caso, se la sacaba desnuda al patio, en medio de la nieve, y le arrojaban cubo tras cubo de agua helada hasta que la pobre muchacha terminaba convertida, literalmente, en un trozo de hielo.

Como era de esperar, acabaron por surgir los rumores de qué caray pasaba en el castillo de la condesa Báthory. Docenas de muchachas de las que nunca más se supo, unidas a los entierros colectivos que más de una vez hubo de realizar el pastor protestante local -según Erzsébet, debido a epidemias-, hicieron correr la voz de que algo terrible estaba sucediendo. Así pues, la condesa empezó a tener cada vez más dificultades para encontrar chicas a las que llevarse con promesas; más o menos en esa época murió Anna Darvulia, y Erzsébet la sustituyó por Dorottya Szentes, más conocida como Dorkó, quien, al contrario de su precavida predecesora, animó a su señora a utilizar la sangre de muchachas de la baja nobleza local. Fue el error definitivo.

A las muchas quejas de los aldeanos de los alrededores se sumaron ahora las de los nobles menores de la zona, y eso sí que hizo reaccionar a las autoridades. El caso llegó hasta el mismísimo rey Matías II, quien en 1610 decidió tomar cartas en el asunto y envió a investigar a Csejthe a una delegación encabezada por György Thurzó, palatino de Hungría y primo de Erzsébet. Aunque es cierto que Thurzó era un notable enemigo político de la condesa (lo que luego se ha esgrimido para argumentar que Erzsébet fue víctima de un complot político y económico… que también es el caso), la verdad es que no tuvieron demasiados problemas para encontrar elementos incriminatorios contra ella: desde diversas muchachas agonizantes y en distintos estados de desangrado, a cientos de cadáveres y elementos de tortura como látigos, potros y los anteriormente citados. Por si eso fuera poco, parece ser (aunque este es un extremo que nunca ha sido probado) que la propia Erzsébet fue sorprendida, en compañía de sus acólitos, mientras torturaba a una joven.

ARRESTO, CONDENA Y MUERTE

Erzsébet y sus compinches fueron inmediatamente arrestados, pero, como podéis imaginar, no recibieron el mismo tipo de trato. Dorottya Szentes, junto a otros colaboradores de la condesa como Jó Ilona (antigua nodriza de Erzsébet) y el enano János Ujváry, conocido como Ficzkó, fueron sometidos a juicio sumarísimo y condenados a la hoguera por asesinato, brujería y cooperación. Hay que añadir que, antes de quemarlos vivos, les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo “por haber derramado sangre de cristianos”.

El destino de Erzsébet fue notablemente diferente, aunque no por ello mucho mejor. Al ser de la alta nobleza la ley impedía que fuese siquiera juzgada, así que hubo de ser el propio rey quien dictase la sentencia: la condesa fue sentenciada a ser emparedada viva en su habitación, dejando tan sólo un pequeño resquicio para pasar comida y agua. También se confiscaron todas sus propiedades, lo que sin duda sí hay que achacar a una conjura política. Matías II ambicionaba desde hacía tiempo los territorios de los Nádasdy, al igual que Thurzó, con quien se repartió la inmensa heredad feudal de la familia Báthory-Nádasdy; para evitar posibles futuras reclamaciones, Matías II acusó de traición a los hijos de Erzsébet por el apoyo de su madre a la guerra de su hermano, Gábor Báthory, voivoda de Transilvania, contra los alemanes. Perseguidos, encarcelados e incluso torturados, los Báthory-Nádasdy terminaron huyendo a Polonia.

Erzsébet sobrevivió nada menos que cuatro años a su encierro, en la más absoluta oscuridad y convertida ya en una leyenda. El 21 de agosto de 1614, tras varios días en los que no había retirado la comida, la pared que la aislaba del mundo fue derribada y la encontraron muerta en el suelo. Se la quiso enterrar en la iglesia de Csejthe pero, lógicamente, los habitantes de la zona se negaron en redondo, considerándolo “una aberración”; la Alimaña de Csejthe, como ya era conocida, fue finalmente enterrada en el pueblo de Ecsed, de donde procedía su padre. Andando el tiempo, se convertiría en inspiración, junto a su pariente lejano Vlad III Draculea, para que un escritor irlandés construyera la mejor novela de vampiros jamás escrita: “Drácula”.

Podemos encontrar las huellas de Erzsébet y sus crímenes (37 probados, casi 650 intuidos) en cientos de libros, películas e incluso videojuegos, siendo los más notables el ya mencionado “Drácula” y, por supuesto, “Carmilla”, de Joseph Sheridan Le Fanu. Hoy, el castillo de Csejthe es una ruina tétrica que nos hace evocar los horribles sucesos que allí acontecieron; seguramente, Erzsébet ejerce de magnífico fantasma entre sus piedras.

El castillo de Csejthe, la guarida de la bestia...

BIBLIOGRAFÍA

  • Craft, Kimberly L., Infamous Lady: The True Story of Countess Erzsébet Báthory, CreateSpace, 2009
  • Penrose, Valentine, The Bloody Countess, Solar Books, Washington, 2006
  • Thorne, Tony, Countess Dracula, Bloomsbury, London, 1998

6 pensamientos en “Erzsébet Báthory

  1. Hayyy. Castilo De Csejthe. Eh Querido ir desde que tuve conocimiento de Erzsèbet Bathory. Amo A este Ser a la Dama Sangrienta. esta muy bueno ese pequeño texto relatando por ensima de la vida de La Condesa Sangrienta. Felicitaciones al editor. Me Despido. Adrien Almos

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