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La Segunda Guerra Mundial es uno de los períodos más terribles de la historia de la humanidad. Seis interminables años en los que el mundo ardió, causando 60 millones de muertos y abriendo unas heridas que todavía hoy, en algunos casos, no han cicatrizado del todo. Se movilizaron todos aquellos hombres que podían luchar y, debido a las circunstancias, no fueron pocas las mujeres que también contribuyeron directamente a la liza, ya fuese colaborando con la Resistencia tras las líneas enemigas o luchando codo a codo con sus compañeros masculinos. Esta circunstancia se dio especialmente en la Unión Soviética, donde las féminas lucharon tanto como los hombres, destacando especialmente como francotiradoras y, como en el caso que nos ocupa, pilotos de guerra. Esta es la historia de Lidiya Litvyak, la Rosa Blanca de Stalingrado.

PRIMEROS AÑOS Y ESTALLIDO DE LA GUERRA

Lidiya Vladimirovna Litvyak (ruso: Лидия (Лилия) Владимировна Литвяк) nació en Moscú el 18 de agosto de 1921, cuando la Unión Soviética todavía estaba gobernada por Lenin. Es poco, poquísimo, lo que se sabe de su vida anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial, y todo tiene que ver con su pasión por la aviación. Con sólo 14 años dio inicio a su carrera aérea matriculándose en un aeroclub soviético, obteniendo el carnet de piloto deportiva dos años más tarde. Su ascenso fue meteórico, y a finales de la década de los ’30 ya se había convertido en instructora de vuelo. Para cuando los nazis de Adolf Hitler invadieron la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, Lidiya había entrenado ya nada menos que a cuarenta y cinco pilotos.

Al declararse la guerra entre Rusia y Alemania, Lidiya quiso alistarse de inmediato para combatir, pero fue rechazada por falta de experiencia, ya que no había cumplido las 100 horas de vuelo que se exigían como mínimo necesario para postular como piloto de caza. Sin pensárselo un momento, Lidiya falsificó su documentación y, con las 100 horas de vuelo “cumplidas”, fue admitida en el 586º Regimiento de Cazas (IAP 586), una unidad exclusivamente femenina de Yak-1, creada por la célebre piloto Marina Raksova. Tras unos meses de entrenamiento, realizó sus primeros vuelos de combate en verano de 1942 sobre Sarátov (sur de Rusia). En septiembre de ese mismo año, fue asignada, junto a otras siete pilotos -entre las que se encontraba Katya Budanova, la única otra mujer en la historia que ha alcanzado el honor de ser considerada as de la aviación-, al IAP 437, un regimiento masculino que se encontraba luchando en la horrible carnicería que fue la batalla de Stalingrado. Tres días después, cuando realizaba su segunda misión, derribó sus dos primeros aviones: el primero, un bombardero Junkers Ju 88, fue abatido en colaboración con el comandante del regimiento, el mayor Danilov; pero, minutos más tarde, Lidiya realizaría una proeza que nadie esperaba: en solitario, derribó un caza Messerschmitt Bf 109 que, para más inri, estaba pilotado por un as de la aviación alemana: el sargento Erwin Maier, con 11 victorias a su cuenta y tres veces condecorado con la Cruz de Hierro. Tras saltar en paracaídas, Maier fue capturado por los soviéticos y, cuando pidió ver al piloto que le había derribado, pensó que los rusos le estaban gastando una broma desagradable. No fue hasta que Lidiya le describió paso a paso la lucha que habían mantenido, que Maier tuvo que reconocer con amargura que había sido derribado por una mujer. En sólo tres días, Lidiya Litvyak se había convertido en la primera mujer de la historia militar que derribaba un avión enemigo.

LOS MESES DE GLORIA

Dos semanas después del derribo del sargento Maier, la joven piloto de 21 años sumaba su tercera victoria al derribar otro Ju88 en solitario, y de nuevo un Me109 junto a su compañera Raisa Belyayeva. Sus superiores militares no pudieron seguir ignorándola, pues por toda Rusia corría ya la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado, llamada así por la flor blanca que había pintado como distintivo en el fuselaje de su avión -y que era en realidad un lirio, en alusión al nombre con que era conocida popularmente, Lilya (ruso: Лилия)-. A finales de año, Lidiya fue trasladada por fin a una unidad de élite, el 9º Regimiento de Cazas de la Guardia; allí permaneció poco tiempo, pues sería trasladada, junto a Katya Budanova, a la IAP 296 (luego reagrupada en el 73º Regimiento de Combate). El 11 de febrero de 1943, apenas nueve días después de la victoria final en Stalingrado, Lidiya derribó dos aviones más: un Junkers Ju 87 Stuka, en solitario, y un Focke-Wulf Fw 190, junto a Alexei Solomatin; con ellos, completaba los cinco derribos que la convertían en as de la aviación.

Lidiya y su Yak-1

Doce días después, el 23 de febrero, Lidiya fue condecorada con la Orden de la Estrella Roja y ascendida al rango de subteniente. Al mismo tiempo, entró en un grupo táctico de élite conocido como okhotniki o “cazadores por libre”, que permitía a pilotos excepcionales realizar misiones por libre a iniciativa propia. Un mes más tarde fue herida por primera vez, viéndose obligada a realizar un aterrizaje de emergencia y siendo hospitalizada durante un mes y medio. A su regreso al frente, el 5 de mayo, derribaría dos cazas Me109 más.

Sin embargo, un duro golpe aguardaba a la joven: el 21 de mayo, mientras entrenaba a un piloto novato, el capitán Alexei Solomatin se mató ante los ojos de todo el regimiento. Lidiya quedó destrozada por la muerte del que había sido su gran amor -hay quien dice que se habían casado a principios de ese mismo año, aunque es un dato no comprobado-, y decidió volcar toda su furia en misiones de combate. Desde ese momento, el único objetivo de su vida sería derribar un enemigo tras otro, sin importarle el peligro. Diez días después de la muerte de Solomatin, Lidiya se presentó voluntaria para derribar un globo de observación artillera alemán que ya había rechazado a varios de sus compañeros con un potente fuego antiaéreo. En un primer intento, también Lidiya tuvo que desistir, ya que las barreras eran prácticamente infranqueables; sin embargo, pronto trazó un plan diferente: atacar el globo desde atrás, trazando un amplio círculo por encima de las líneas enemigas y atravesándolas por un punto ciego de la defensa nazi. Después, se acercó al globo desde la dirección del sol, con lo que pudo sorprender a los alemanes, que no esperaban que nadie se acercase desde ese punto. Huelga decir que la misión fue un éxito y el globo fue derribado. La leyenda de Lidiya Litvyak se agrandaba, y ya era uno de los personajes favoritos de la prensa propagandística soviética.

El 13 de junio de 1943, Lidiya fue ascendida a comandante del 3er escuadrón del regimiento, aunque sería herida de nuevo, esta vez de poca gravedad, el 16 de julio. Ese mismo día, había derribado un Messerschmitt que, según algunos, llevaba pintado en el fuselaje un as de picas, símbolo de que era pilotado por un as de la aviación nazi. Tal circunstancia no está confirmada. Lo que sí se sabe es que tres días después, el 19 de julio, estaba volando de nuevo, y para finales de mes había derribado tres Messerschmitt más.

LA ÚLTIMA MISIÓN

El 1 de agosto de 1943, Lidiya y su escuadrón se encontraban en el frente de la batalla de Kursk (sur de Rusia). Aquel día, la joven piloto había salido ya en tres ocasiones, pero decidió realizar una cuarta salida escoltando un grupo de Ilyushin Il-2 Sturmovik; en un momento determinado, varios Messerschmitt les atacaron por sorpresa y el avión de Lidiya fue alcanzado por fuego alemán. Sus compañeros la vieron caer envuelta en humo pero, cuando descendieron para tratar de encontrarla, no encontraron paracaídas, ni fuego, ni restos del avión. Sin embargo, Lidiya nunca regresó; en una amarga ironía del destino, la sospecha de que podía haber sido hecha prisionera por los alemanes -lo que convertía a cualquiera en traidor a la patria- bloqueó su nombramiento como Héroe (Heroína, en este caso) de la Unión Soviética.

RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA DE LIDIYA LITVYAK

La mecánica de Lidiya, Inna Pastportnikova, no quiso que la memoria de la piloto fuese manchada por la sospecha de la traición, y se embarcó en una larga búsqueda de los restos de la joven que le llevaría 36 años. Acompañada por familiares y amigos de Lidiya, Inna peinó la zona donde ésta había sido derribada, hallando restos de casi un centenar de derribos de aviones, pero ninguna pista de la piloto. Finalmente, en 1979 les llegó la noticia de que el cadáver de una aviadora había sido enterrado en una fosa común en la localidad de Dmitrievka (actual Ucrania), diez años atrás, tras ser encontrada junto a los restos de su avión por unos niños. Los restos fueron exhumados y analizados por una comisión forense, que determinó que, efectivamente, aquella era Lidiya Litvyak, y que había muerto debido a una herida en la cabeza.

El círculo no se cerraría hasta once años más tarde, el 6 de mayo de 1990. Un año y medio antes de la disolución definitiva de la Unión Soviética, su presidente, Mikhail Gorbachov, concedió finalmente a Lidiya el estatus de Héroe de la Unión Soviética; al mismo tiempo, fue nombrada teniente a título póstumo y se le dedicó una calle en Moscú y un monumento en Krasnyi Luch (sudeste de Ucrania), además de un museo en la capital rusa. Su nombre aparece en el Libro Guinness de los Récords como la mujer con más derribos consiguidos en la historia de la aviación: 12 en solitario, más el derribo del globo de reconocimiento, además de cuatro derribos más compartidos con otros compañeros.

BIBLIOGRAFÍA

  • Bergström, Christer, Barbarossa. The Air Battle: July-December 1941, Classic Publications, Sittingbourne, 2007
  • Goodpaster-Strebe, Amy, Flying for Her Country: the American and Soviet women military pilots of World War II, Greenwood Publishing Group, Santa Barbara, 2007
  • Sakaida, Henry, Heroines of the Soviet Union 1941-45, Osprey Publishing, Oxford, 2003

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