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Vivió buena parte de su vida rodeada por el escándalo: fue librepensadora y adalid -a su pesar- del feminismo, escritora y periodista, baronesa, republicana y personaje de sociedad. Nunca tuvo el más mínimo problema en decir aquello que pensaba, cuando lo pensaba, aunque ello le acarrease las críticas de una sociedad que no estaba preparada aún para que una mujer viviese libremente. Y pese a todo, consiguió convertirse en uno de los pilares principales del Romanticismo francés, la brillante estrella alrededor de la cual orbitaron los intelectuales de toda una época, indistintamente de sus nacionalidades. Su nombre de guerra, aunque masculino, define en femenino un siglo y una forma de ver la vida: George Sand.

HIJA DE DOS MUNDOS

Su verdadero nombre fue Amantine Aurore Lucille Dupin, y vino al mundo en París el 1 de julio de 1804. Sus orígenes no pudieron ser más dispares, pues mientras su madre, Sophie Delaborde, era la hija de un vendedor de pájaros que muy posiblemente se prostituía entre los soldados napoleónicos, su padre, Maurice François Dupin de Francueil, era un aristócrata de altísima cuna, nieto por línea bastarda del rey Augusto II de Polonia. Aurore nació pues siendo hija de dos mundos muy distintos, algo que la marcaría de por vida y que definiría posteriormente sus ideas políticas.

Aunque al principio la abuela de la pequeña, Mme. Dupin, se echó las manos a la cabeza ante la relación de éste con Sophie, un hecho trágico cambiaría el parecer de la aristocrática dama: en 1808, cuando Aurore tenía sólo cuatro años, su padre se cayó del caballo que montaba y murió a consecuencia de las heridas. Decidida a separar a su única nieta de su madre, a la que consideraba una influencia perniciosa, Mme. Dupin hizo todos los esfuerzos y tiró de todos los hilos para que Aurore se trasladase a la mansión familiar de Nohant (Francia central), donde se hizo cargo de su educación. La verdad es que la madre no opuso excesiva resistencia a entregar la niña a su abuela, y es que la relación entre Aurore y Sophie siempre fue extraña y tensa, un hecho que se reflejaría años más tarde en la relación entre la escritora y su propia hija.

Aurore pasó el resto de su infancia en Nohant, el lugar al que siempre regresaría en busca de la felicidad, el sitio que más amó en este mundo. Entre 1817 y 1820, se educó en el parisino Convent des Anglaises, de donde salió para regresar a Nohant; allí conocería, en la primavera de 1822, al barón Casimir Dudevant, con quien se casaría apenas unos meses más tarde. No está claro por qué Aurore eligió casarse con este hombre adusto, que le llevaba casi diez años y con el que apenas tenía nada en común. Tal vez porque, tras la muerte de su abuela el año anterior, se sentía sola. En cualquier caso, el matrimonio duró poco más de ocho años, durante los que nacieron dos hijos: Maurice (1823) y Solange (1828). Finalmente, a principios de 1831, Aurore abandonó a su marido y, junto a sus dos hijos, regresó a París, siguiendo a su joven amante, Jules Sandeau, ocho años menor que ella; Sandeau fue, que sepamos, el primero de la lista de grandes amores de Aurore, la mayoría más jóvenes que ella y con quienes tuvo relaciones no precisamente fáciles.

Con su regreso a París, Aurore, todavía baronesa Dudevant, iniciaría el período más escandaloso de su vida, pero también el más fructífero.

DE LA BARONESA DUDEVANT A SAND LA REPUBLICANA

Por aquel entonces Aurore ya se había iniciado como escritora, colaborando con Sandeau en varias historias cortas que publicaron con el pseudónimo de Jules Sand; en 1831, año de su separación, habían publicado, bajo el mismo nombre, una novela titulada “Rose et Blanche”, al mismo tiempo que trabajaba como articulista para Le Figaro y La Revue des Deux Mondes, publicación que sería clave en su carrera literaria. Allí hizo gala también de sus ideas republicanas, que contrastaban fuertemente con su posición de aristócrata (de la que no se desharía hasta 1836, cuando se le concedió el divorcio del barón), y también de su defensa de la igualdad de las mujeres, aunque Aurore siempre quiso distanciarse del feminismo militante, del que siempre renegó.

Fue en esa época cuando comenzó su vida escandalosa: para empezar, se vestía habitualmente de hombre; contrariamente a lo que se pueda pensar, no lo hacía como reivindicación social, sino porque la ropa masculina era más cómoda y barata que los aparatosos vestidos femeninos decimonónicos, y también porque así podía moverse con mayor libertad por las calles de París. Muchos empezaron a criticar a la todavía baronesa por tal costumbre, a lo que ella respondió haciendo pública otra costumbre, todavía más sorprendente si cabe: Aurore no tenía ningún problema en fumar en público, algo que a mediados del siglo XIX era visto como una absoluta provocación. Entre los muchos que criticaron duramente a Aurore por sus costumbres estuvo el poeta Charles Baudelaire, autor de “Las Flores del Mal”, que dijo de ella: “Es estúpida y engreída. Sus ideas morales tienen la misma profundidad de juicio y delicadeza que las de las limpiadoras y las mantenidas… El hecho de que haya hombres que se enamoren de esta zorra es prueba de cuán bajo han caído los hombres de esta generación”. A pesar de ser ampliamente criticada, Aurore también hizo grandes amigos entre los intelectuales de la época: Gustave Flaubert, Marcel Proust u Honoré de Balzac fueron algunas de sus personas preferidas; con el primero mantuvo, además, una larga correspondencia donde se ve reflejada la gran amistad que los unió.

En 1832, Aurore publicó su primera novela en solitario, “Indiana”, donde firmaría por primera vez con el nombre con el que pasaría a la posteridad: George Sand. Pocos meses después, provocaría otro escándalo con su amistad con la actriz Marie Dorval: las dos mujeres estaban siempre juntas y compartían prácticamente todo, lo que inevitablemente llevó a los rumores sobre una posible relación sentimental entre ellas; incluso el amante de Marie, el conde Alfred de Vigny, hizo patentes sus sospechas llamando a Aurore “esa maldita lesbiana”, y diciendo a la actriz que no se acercase a ella. Nada de ello surtió efecto, y Aurore y Marie mantuvieron intacta su amistad hasta la muerte de la actriz en 1849, momento en que Aurore se hizo cargo económicamente de los nietos de Marie.

Si bien la supuesta relación entre Aurore y Marie Dorval nunca ha podido ser probada, sí es cierto que Aurore amó a muchos de los grandes nombres de su tiempo, si bien, hasta donde se sabe, todos fueron hombres: además de Sandeau, algunos de sus amantes fueron los escritores Prosper Mérimée y Félicien Mallefille, pero los dos grandes amores de Aurore fueron, respectivamente, un poeta y un pianista: Alfred de Musset y Fréderic Chopin.

MUSSET

Un día de 1833, Aurore recibió una apasionada carta de admiración al respecto de su novela “Indiana”; el firmante era un joven de 23 años, considerado uno de los niños prodigio de las letras francesas, a la par que un libertino desatado: Alfred de Musset. Seis años más joven que Aurore, Musset había quedado profundamente impresionado por la lectura de “Indiana”, y quiso conocer personalmente a su ya popular autora. El encuentro entre ambos finalmente se produjo durante la lectura de presentación de “Lélia”, la nueva obra de Aurore, y no pasó demasiado tiempo hasta que se convirtieron en amantes. Sin embargo, y aunque su historia de amor es una de las más célebres de las letras francesas, era una relación condenada de antemano.

El motivo más importante era la diferencia de caracteres de Aurore y Musset, motivada en parte por su diferencia de edad y orígenes: Aurore era una mujer de 29 años que tenía dos hijos y era plenamente consciente de sus responsabilidades, mientras que Musset, con 23 años, vivía la vida al límite entre borracheras, mujeres, juego y opio, como si no hubiese un mañana. Además, la aristocrática familia de Musset, y muy especialmente su hermano mayor, Paul, no veía con buenos ojos la relación, y consideraban a Aurore como una advenediza que buscaba beneficiarse de la fama del poeta. Nada más lejos de la realidad, como ahora veremos.

La relación entre Aurore y Musset siempre fue tormentosa, pero iba a alcanzar su máxima expresión a partir del verano de 1833. Los dos amantes abandonan París con destino a Italia, donde Musset planeaba recopilar información para la obra de teatro que intenta escribir sobre Lorenzo de Médici, que cristalizará como la famosa “Lorenzaccio” que años más tarde interpretaría sobre los escenarios la mismísima Sarah Bernhardt. En Venecia, destino final de su viaje, se alojaron en el hotel Danieli, que iba a ser escenario de un vodevil trágico que iba a marcar las vidas de todos sus protagonistas, y muy especialmente la de Alfred de Musset. El joven poeta, ya de por sí inestable, encontró en los placeres nocturnos de Venecia el estilo de vida libertino definitivo, que le llevó a abandonar progresivamente su trabajo y a su amante; las peleas entre ambos se sucedían, y cuando la situación había llegado a un límite insostenible, un suceso terminó de dinamitar la relación: Musset cayó enfermo de fiebres, posiblemente a causa de sus juergas continuas. Al borde de la locura, Musset tuvo que ser atendido por el médico del hotel, un italiano llamado Pietro Pagello quien, si bien le salvó la vida, también le arrebató a Aurore; en efecto, herida por los múltiples desmanes del joven poeta, Aurore se enamoró de aquel médico serio y formal, en las antípodas de su inestable y tempestuoso amante. Aunque durante un tiempo ocultaron su relación al enfermo, finalmente éste les descubrió y, no pudiendo soportarlo, Musset regresó solo a París a principios de 1834.

Aurore permanecería en Venecia unos meses más, hasta que decidió regresar a Francia acompañada por Pagello; allí, la relación no duraría demasiado, y Pagello, envuelto en un oscuro asunto de tráfico de obras de arte, regresaría por donde vino, dejando la puerta entreabierta para que Aurore y Musset retomasen su relación. Hasta mediados de 1835 ambos escritores continuarían viéndose -si bien de forma intermitente-, y, sobre todo, escribiéndose. Las cartas intercambiadas por el binomio George Sand/Alfred de Musset son una de las muestras epistolares más apasionadas y atormentadas jamás publicadas. Tras su ruptura definitiva en 1835, Aurore y Musset no volvieron a verse excepto en una breve ocasión, en la que ni siquiera se dirigieron la palabra. Sin embargo, ambos salieron profundamente marcados por su relación, en especial Musset, quien un año más tarde, en 1836, le dedicó su obra magna, “Confesión de un hijo del siglo”, una de las novelas más emblematicas del Romanticismo francés. Aurore, por su parte, también novelaría su relación, años más tarde, en “Ella y él” (1859), que irritó sobremanera al hermano de Alfred, Paul de Musset, quien le contestaría con “Él y ella”, donde se burlaba y criticaba duramente a la autora, a quien acusaba de haber destrozado la vida de su hermano. A Paul se le terminó sumando una de las muchas amantes de Musset, Louise Colet, que dijo la suya en 1860 al publicar “Él”.

Alfred de Musset murió joven, como muchos de los hombres a los que Aurore amó. El 2 de mayo de 1857 falleció mientras dormía, víctima de un infarto provocado por la combinación de alcoholismo y una malformación aórtica. A los 47 años, había sobrevivido en ocho al otro gran amor de George Sand: un pianista polaco llamado Fréderic Chopin.

CHOPIN

En 1836, unos meses después de su ruptura con Alfred de Musset, Aurore asistió a una fiesta celebrada por su amiga la condesa Marie d’Agoult y el amante de ésta, el célebre pianista Franz Liszt; allí, conoció a un colega de Liszt, un joven polaco de la misma edad de Musset que, por aquél entonces, ya había cosechado un gran éxito como pianista y compositor: Fréderic Chopin. Y, aunque nos pueda parecer raro, su primer encuentro fue de todo menos romántico: Chopin expresó su aversión hacia Aurore tachándola de “repulsiva” y preguntándose si realmente era una mujer. No se sabe exactamente dónde ni cuándo cambió la opinión del pianista respecto a Aurore, pero lo cierto es que para el verano de 1838 su relación amorosa era un secreto a voces por todo París.

Si la relación de Aurore con Musset había sido tempestuosa, su relación con Chopin fue, en general, bastante plácida, registrándose sólo dos incidentes remarcables en los diez años que permanecieron juntos; el primero de ellos fue el que traería a ambos hasta nuestro país, concretamente a la isla de Mallorca, donde acudieron durante el invierno de 1838-1839, junto a los dos hijos de Aurore, esperando que el clima más templado de la isla mejorase la salud de Chopin, quien padecía de tuberculosis. No fue una estancia plácida: los lugareños veían a la pareja (sobre todo a Aurore) como altivos y desdeñosos, y renegaban de ellos por no estar casados; asimismo, la pareja, que se alojó en la Cartuja de Valldemossa, veía a los mallorquines como supersticiosos, metomentodos y poco hospitalarios. Además, el piano de Chopin tardó varios meses en llegar, y el tiempo, que habían supuesto más cálido que en París, fue tan malo que a punto estuvo de acabar con la vida del compositor. Hartos de todo, Aurore y Chopin salieron de Mallorca el 13 de febrero de 1839 con destino a Barcelona, desde donde regresaron a Francia, primero a Marsella, donde Chopin se recuperó de los efectos del invierno mallorquín, y luego a Nohant.

La relación de Aurore y Chopin estuvo siempre marcada por la enfermedad del pianista, que gradualmente convirtió a la escritora de amante a enfermera, y casi a madre. Aurore llamaba a Chopin “su tercer hijo”, y frecuentemente se refería a él como “niño” o “angelito”.

En 1845, Aurore descubrió que su hija, Solange, pretendía casarse con el escultor Auguste Clésinger; las relaciones entre madre e hija siempre habían sido tirantes, y la desaprobación de Aurore sobre la elección de su hija las empeoró todavía más. Solange Dudevant y Auguste Clésinger terminaron casándose, para disgusto de Aurore, en 1847, y poco después empezaron los problemas de verdad, especialmente por temas económicos; parece ser que Chopin se puso de parte de Solange, algo que Aurore se tomó como una traición, llegando a sugerir que el pianista estaba enamorado de su hija. Tras un largo tira y afloja, Aurore y Chopin pusieron fin a su relación meses después.

Dos años después de su ruptura, el 17 de octubre de 1849, Fréderic Chopin falleció en París, víctima de la tuberculosis que le había acompañado media vida, con sólo 39 años de edad. Su corazón fue enviado a Polonia, mientras que su cuerpo fue enterrado en el parisino cementerio de Père Lachaise, a escasos 200 metros del lugar donde, ocho años después, sería inhumado Alfred de Musset.

MADAME SAND

Con los años, George Sand se fue alejando progresivamente de la vida ajetreada que había mantenido en sus años de juventud. En 1848 estalló la Revolución contra el gobierno de Luis Felipe de Orléans, el que sería el último rey de Francia. En esa época, Aurore ejerció más que nunca su activismo político en favor de los trabajadores y de los derechos de las mujeres; sin embargo, las matanzas que siguieron a la revolución afectaron profundamente a Aurore, quien escribió: “No puedo creer en ninguna república que empiece su revolución matando a su propio proletariado”.

Tras el fracaso de la Revolución de 1848, desengañada con los ideales socialistas que había defendido durante media vida, se retiró a su querido Nohant, donde residiría el resto de su vida, exceptuando un pequeño paréntesis de tres años, entre 1864 y 1867, en los que vivió en Palaiseau, cerca de Versalles, junto a su último amante, Alexandre Manceau. Desde allí, publicaría obras de corte autobiográfico, como la indispensable “Historia de mi vida” (1855), la ya citada “Ella y él”, y los veinticinco volúmenes que componen su “Correspondencia”, una de las más apasionantes que existen en el género. También escribiría allí su “Diario íntimo”, que no se publicaría hasta cincuenta años después de su muerte, en 1926.

En Nohant, rodeada de sus nietos, a los que adoraba, y de sus amigos, que la adoraban a ella, pasó Aurore los últimos años de su vida. Había dejado atrás el escándalo y la provocación, la política y el feminismo. Dejó de ser George Sand, la escritora, para convertirse en Madame Sand, la “buena señora de Nohant”, querida y venerada por todos. De esa época son los célebres retratos fotográficos que le realizó uno de los padres de la fotografía, Gaspar-Félix Tournachon, Nadar, donde vemos a una mujer apacible, serena, en cuya bonhomía no apreciamos los signos de la ajetreada vida que llevó.

El 8 de junio de 1876, Aurore Dupin fallecía en su casa de Nohant, a los 71 años de edad. Se iba el símbolo de toda una época, el Romanticismo, que la tendrá como máximo exponente hasta nuestros días. Ella creyó, como dijo en una carta a su amigo Flaubert, que sería olvidada con el paso de los años; no sólo no fue así, sino que hoy día es recordada como una de las más grandes escritoras en lengua francesa, y como uno de los modelos más importantes para el feminismo. Como ella misma escribió en una respuesta a sus críticos, “el mundo me conocerá y entenderá algún día; y si eso no sucede, no importará demasiado, porque habré abierto el camino para otras mujeres”.

BIBLIOGRAFÍA

  • Eisler, Benita, Naked in the Marketplace: The Lives of George Sand, Counterpoint, Berkeley, 2007
  • Harlan, Elizabeth, George Sand, Yale University Press, New Haven, 2004
  • Jack, Belinda, George Sand, Vergara, Barcelona, 2002
  • Sand, George, Correspondance, Nabu Press, Charleston, 2010
  • ibíd., Lettres d’un Voyageur, Penguin, London, 1988
  • ibíd., Un Hiver à Majorque, Dodo Press, Gloucester, 2008
  • Sand, G., Musset, A. & Decori, F., Correspondance de George Sand et d’Alfred de Musset, E. Deman, Bruxelles, 1904

8 pensamientos en “George Sand

    • Todos sus biógrafos coinciden en que nació el 1 de julio de 1804. Asimismo, también el personal de su casa-museo de Nohant da el 1 de julio por válido, y su bicentenario se celebró en Francia el 1 de julio de 2004. Por tanto, seguiré dando el 1 de julio como la fecha correcta. Un saludo, y gracias.

  1. ah no estaba al tanto, solo que estoy trabajando con la obra, me gusto mucho el post, y como arranca su autobiografia diciendo “llegue al mundo un 5 de julio de 1804” lo asumí como correcto! Gracias por el dato!

    • De nada (y por cierto, lo siento si soné un poco borde, me di cuenta después). Por lo que sé, en su autobiografía “maquilla” bastante algunos datos de su vida, por ejemplo su relación con su madre. Es de fiar sólo a medias, igual que “Un invierno en Mallorca”.

      ¡Un saludo!

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